Perdiendo el miedo a ser mujer: 8 tips para mujeres viajando solas en India

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Este post va dedicado a mi yo del 25 de julio de 2013 y a todas las mujeres que se les olvidó empacar los miedos en la mochila, para así viajar más ligeras tan lejos, tan lejos como quieran llegar.

“¡Boluda, no sabés lo que es eso! Te volvés loca… ¡Es un caos, es un caos! Por dicha no nos fuimos de mochileras allá, porque te lo juro que te morís. Yo te digo una cosa: la mujer que hace India de mochila sola se merece toda mi admiración”.

Una nube, de esas que aparecen en las caricaturas, enmarca a mi mejor amiga, compartiendo su experiencia sobre su luna de miel en India, mientras yo yazco un poco más abajo, aterrada en la cama, en un hostal de mierda en Delhi, víctima del primer ataque de pánico en mi vida y dispuesta a regresarme a mi casa con dinero prestado tan sólo 12 horas después de haber llegado. ¿En qué PUTAS me había metido viniéndome sola a India?

Tránsito en la caótica Delhi.

Tránsito en la caótica Delhi.

No puedo explicar precisamente por qué, desde siempre, estuve encaprichada con ir a India, al grado de que figuraba en el segundo puesto de mi top 3 de países por visitar. En especial si tomamos en cuenta que, cuando llegué a Delhi, me di cuenta de que, aparte del cliché Taj Mahal, no tenía NI LA MÁS PUTA idea de qué hacer ahí. En mi mente, de ciertos rasgos adolescentes crónicos, creo que, además de un pedo utópico en forma de Las mil y una noches, tenía en mente que en ningún país vería tantos extremos humanos. No me equivocaba: India es tierra de hipérboles y considero que es INDISPENSABLE que figure en el curriculum de todo viajero que se precie de serlo.

El problema era precisamente el miedo. Ese miedo a, simplemente, ser mujer.

Llegué a India tan sólo unos meses luego del brutal ataque a Amanat (una estudiante de Delhi denominada así por los medios de comunicación), quien murió días después de que seis hombres le metieran una barra de hierro por la vagina durante una violación grupal, mientras viajaba en un autobús en movimiento, del cual la arrojaron después. Llegué a India tan sólo unas semanas más tarde de que una estadounidense fuese diagnosticada con psíndrome de estrés post traumático luego de unas vacaciones en India. En fin, llegué en un momento en que todas las leyendas mochileras de terror sobre la India habían resucitado con más fuerza desde las páginas de los periódicos.

Pero ahí estaba yo. Y no me devolvería.

Hoy, quisiera poder viajar en el tiempo y abrazar muy fuerte a mi yo de ese 25 de julio de 2013. Este post, de hecho, creo que va dedicado a esa Andrea que a la mañana siguiente se levantó y dijo: “Yo no tengo un marido que me traiga de luna de miel a India. Yo no tengo a nadie más que me cumpla mis sueños, excepto a mí misma. Yo no quiero escribir la historia de cómo estuve en Asia solo dos días. Yo quiero escribir la historia de cómo no me quedé pensando en que one day baby, we’ll be old and think about all the stories we could have told.

Al chile: quiero ir y abrazar a esa Andrea, y decirle que le estaré agradecida HASTA EL ÚLTIMO DÍA DE MI VIDA por creer en sí misma, por tragarse el miedo con un café a la mañana siguiente y quedarse cuatro meses para vivir el país más impresionante en que haya estado jamás.

En el Golden Temple. Amritsar.

En el Golden Temple. Amritsar.

Así que este post va dedicado a ella, a todas las mujeres que han viajado solas a India y, especialmente, a todas aquellas que en este momento están empacando para ir allá y que han dejado a propósito en el clóset lo que piensen los demás, los recortes de periódicos amarillistas y ese miedo a, simplemente, ser mujer.

Tip #1. Al lugar que fueres haz lo que vieres

Este es el primero de mis mandamientos mochileros y, como las recomendaciones que estoy escribiendo están basadas en mi experiencia personal, francamente no podía empezar de otra manera.

A mí también me interesa que la situación de las mujeres en India mejore, como a cualquier ser humano que sienta un poco de empatía por un país donde ya hasta el simple hecho de terminar de ser gestada es un reto, en vista del alto número de abortos selectivos de niñas, calculado en 12 millones.

Sin embargo, aunque yo no creo en fronteras, ni menos en un puto pasaporte, en lo personal no me considero como una de las llamadas a realizar cambios radicales en la mentalidad india imponiendo mis costumbres occidentales todo el tiempo, algo que incluso suena neocolonial. Y si esto significa tener que seguir reglas machistas (por las que en mi país de origen me hubiese rasgado las vestiduras y hubiese comenzado a castrar alegremente a sus precursores), ni modo: las seguiré.

En primera instancia, esgrimo razones egoístas y personales. Como mujer viajando sola en un país desconocido, no quiero anteponer mis ideales a mi seguridad personal básica. Si esto significa entonces cubrirme con ropa hasta las muñecas y los tobillos, a pesar de que me funda del calor, lo haré. Si esto significa dejar de fumar por la calle, aunque para mí eso no indique que soy una prostituta, lo haré. Si esto significa quedarme en la noche encerrada sola sin salir, lo haré.

En segundo lugar, India es uno de los países más complejos sobre la faz de la Tierra (sino el más complejo), por lo que pretender entender su cultura en poco tiempo es ingenuamente utópico, por decir lo menos (o por no decir estúpido). Por lo tanto, creo que no somos las extranjeras las llamadas a cuestionar y desobedecer ciertas prácticas. Para mí, equivale como llegar a la casa de alguien y comenzar a cambiarle los muebles del dormitorio para que la energía del feng shui fluya mejor, sin preguntarle ni siquiera si cree en el feng shui… Si hacés eso en mi casa, al menos yo, te sacaría cagando. O sea, no.

Así que si vas a India, aunque te duela en el fondo de tu humanidad racional, prácticamente seguí a la masa. Ya habrá oportunidades de compartir tu opinión con otras personas y contribuir al cambio de formas más inteligentes que nadando contra una corriente de 1200 millones de personas.

En la mezquita más grande de India, con la cabeza cubierta y siguiendo las reglas.

En la mezquita más grande de India, con la cabeza cubierta y siguiendo las reglas.

Tip # 2. Antes de ir a India, ¡casate!

“Güich contri, madam, güich contri?” Una de las típicas preguntas del repertorio indio acosador callejero. “Costa Rica and my husband is from Germany”. ¡PLOP! Así, directo y sin escalas.

“Are you married?” Una de las típicas preguntas del repertorio indio masculino ligador de restaurante. “Yes, I have been married for six years” ¡PLOP! Así, directo y sin escalas, aunque llevés casada solo 6 segundos en tu mente desde que el mae te hizo la pregunta.

“How are you today, madame?” Una de las típicas preguntas del repertorio indio masculino educado. “Good, I am married”. ¡PLOP! Así, directo y sin escalas. “Do you want coffee?” “Yes, I am married”. ¡PLOP!  “First time in India?” “No, I am married” ¡PLOP! (no olvidés decir SIEMPRE que NO es tu primera vez en India) “What time is it?” “I am married”. ¡PLOP! “Excuse madame, could you please…?” “No, I am married”. SIEMPRE, SIEMPRE, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS: “I am married!!!!!!!!!!”

Antes de ir a India, casate. No te conformés con tener novio. Eso no es suficiente: CASATE. Muchos hombres indios no parecen tener ningún respeto por las mujeres, pero sí parecen tenerlo por el matrimonio. Entiendo que muchos suelen pensar que las extranjeras venimos por default con vaginas que no discriminan a nadie e intentarán ligarte a toda costa, pero ante sus intenciones, con solo el holograma verbal de un esposo imaginario basta para ponerlos a raya.

He de admitir que con esto, mi lado retro-romántico-literario se divirtió lo suyo. Mi marido durante 4 meses fue un guapo médico alemán (le di ese pasaporte para que viniese de una potencia mundial que sonara más imponente y reconocida que mi humilde Costa Rica, sin contar que yo siempre he tenido una fijación por aprender alemán), quien se encontraba en Nepal trabajando de voluntario mientras yo me tomaba unos días de vacaciones. Le gustaba la literatura rusa y tocar el piano en su tiempo libre.

Lamentablemente, tan pronto como me fui de India, nos divorciamos.

Tip #3. Nunca salgás sola de noche

Este tip me lo dio Pryanka, una agradable chica india a quien conocí en Berlín. He de decir que ella fue una de mis mayores motivaciones para visitar India tan sólo un par de meses después de conocerla (a pesar de que no nos pudimos encontrar al final), porque me dijo que, con todo y lo mal que se habla de su país, ella quiere criar a sus futuros hijos en India. A mí me entró curiosidad, entonces, saber por mí misma por qué lo decía.

Si alguien que tiene la mejor opinión de su país me lo recomienda, entonces lo sigo como si fuera la ley de la gravedad y después de las siete de la noche, no salía más sola, como si no pudiese despegarme de mi habitación de hotel atraída por la fuerza de la precaución. No siempre fue fácil: muchas veces me entraba hambre a las 10 de la noche y entonces me tomaba una pastilla para dormir, porque ya no podía salir a cenar. Fue muy frustrante sentir que había perdido mi libertad, pero al menos sabía que era temporal, únicamente hasta la mañana siguiente. Por dicha, todos los días sale el sol.

Ceremonia de clausura frontera India-Pakistán. Si pude tomar esta foto al atardecer, fue porque andaba acompañada. :p

Ceremonia de clausura frontera India-Pakistán. Si pude tomar esta foto al atardecer, fue porque andaba acompañada. :p

Tip #4. Viajá en tercera clase para arriba

Podés  chequear más información de cómo viajar en tren por India en la mini guía de viajes que aparece en la sección de Sabiduría mochilera.

En términos generales, India es muy, pero muy barato, por lo que en realidad vale la pena pagar un poco más y viajar en al menos 3AC o 2AC en caso de los trenes, donde suelen viajar familias con las que te sentirás más segura (algunas, incluso, compartirán su comida con vos). Mucho mejor que soportar todos los hombres solos en otras clases como Sleeper, donde incluso me topé con un vagón lleno de soldados que estaban dispuestos a no dejar de mirarme durante las 7 horas de viaje.

Para buses, lo mismo: si son jornadas muy largas, evitá usar los colectivos locales. Pagá por lo que ellos llaman Volvo (ojo con los buses deluxe, que solo fueron de lujo en los años 80, cuando los compraron). Muchas líneas de autobuses incluso te ofrecen reservar en asientos exclusivos  para mujeres, también como sucede en los metros de Delhi o Mumbai, que cuentan con vagones solo para mujeres.

Parada del metro exclusiva para mujeres. Delhi.

Parada del metro exclusiva para mujeres. Delhi.

Y ligado al punto anterior, evita en la medida de lo posible llegar o salir de una ciudad de noche. Que no te suceda como a mí, que me vi a las 4 am sola, en una estación de buses, con una docena de hombres que me miraba y un taxista que no dejaba de seguirme con el consabido “du yu nid ricksha, madame?”

Tip# 5. Sí, tomá un taxi o un rickshaw pero…

¿Quién dijo que no podés tomar un rickshaw o un taxi sola? El miedo, nada más. ¡Claro que podés! Solo tomá en cuenta que:

1.La forma más segura es agarrar uno de los taxis o rickshaws de prepago de la policía (sí, son de la policía, porque quienes trabajan con ellos deben pasar por un control antes) ,que se consiguen en las casetillas que están en las afueras de los aeropuertos y principales estaciones de buses o trenes. Además, así te garantizás una tarifa justa.

2. Otra forma segura es pedirle a la gente del hotel que te vaya a buscar, en especial si llegás de noche. Muchos hoteles incluso ofrecen un servicio gratuito. Sin embargo, me pasó en varias ocasiones que no aparecieron (en India hay que llenarse de paciencia), pero en fin, al menos hay que intentarlo. Una vez en el hotel, pedí que te consigan un taxista o un mae de rickshaw de confianza. Algunos de ellos, incluso, tienen un sistema en el que te muestran un cuaderno en donde sus clientes los recomiendan en sus respectivos idiomas natales.

3. Si no te queda más remedio que subirte a un taxi o rickshaw en la calle, fijate en el número de placa (por lo general, está escrito con pintura blanca dentro del vehículo) y hacé una llamada fantasma a grito pelado por el celular, en la que le decís a tu esposo (sí, a tu esposo) que ya vas de camino y que estás en el taxi número XXXXX. Al menos yo siempre le avisé al mío, en un inglés muy básico (a pesar de que los dos podríamos haber hablado en alemán :p ). El mae, en realidad, nunca estuvo ahí para recibirme. Fue una de las razones para el divorcio.

4. NUNCA, PERO NUNCA, permitás que el mae suba a alguien más en el taxi o en el rickshaw. NO importa si dice que es su hermano que se queda en la esquina, que es para mayor seguridad, que así te sale más barato… NI MIERDA. Baje a ese hijueputa ahora mismo del vehículo, porque mientras yo esté en él, yo pago y yo mando. Punto.

Fila de rickshaws. Jaisalmer.

Fila de rickshaws. Jaisalmer.

Tip #6. Nunca mirés a los ojos

En Costa Rica, usamos un verbo que llamamos “enjachar”, para referirnos cuando alguien se nos queda viendo con cara de malparido-te-voy-a-partir-la-cabeza-como-si-fuese-una-mandarina-en-gajos, más o menos. Esto, en India, no funciona. Los hombres interpretan que los mirés como una invitación, casi como si les estuvieras abriendo las piernas. Evitá mirarlos tan fijamente como ellos lo hacen.

Para mí, no hay nada peor que la mirada de muchos hombres en India. En Latinoamérica, si bien es cierto que las mujeres somos víctimas de mucho acoso en la calle, al menos aquí te hablan y, aunque te digan: “Uy, mamacita, venga que la chupo toda”, al menos sabemos a lo que nos enfrentamos y podemos reaccionar. En India los hombres no te dicen nada: solo te miran. Pero es peor, porque vos no sabés lo que ese hombre está pensando: no sabés si le gustás, si te está desnudando con la mirada, si le despertás solo curiosidad, si le desagradás, si te quiere saltar encima… Una vez, en una estación de tren, me puse a contar cuánto tiempo me observaba un tipo. Fueron 13 minutos. Trece minutos, con todos sus eternos segundos sin quitarme la vista NI UN INSTANTE.

Regresarles la mirada, para muchos de ellos puede significar: “Sí”. Y se van a acercar. En Delhi, según yo me quedé “enjachando” a un mae con mi mirada de los mil-cuchillos-saliendo-por-los-ojos y el mae se me acercó para ver si quería tomarme una foto con él. ¡PLOP!

Tip #7. Defendete

Lamentablemente, esto lo  aprendí luego de dos meses, cuando después de haberme ido a Nepal (lo que algunos mochileros llaman “tomarse unas vacaciones de la India”), regresé a India ya tan saturada, que estaba a punto de realizar algunas actividades tan tolerantes como prenderle fuego a un rickshaw.

Lo cierto es que estaba realmente HARTA de los maes que se me quedaban viendo y de los que me fotografiaban (teorizo que el término paparazzi no se acuñó en Italia, sino en India, donde mucha gente tiene por manía tomarle fotos a los extranjeros por la calle). La verdad yo tengo un carácter algo fuerte y cuando me llenan la cachimba, veo todo rojo de la ira que me nubla los ojos inyectados de sangre. Por lo tanto, un buen día, mientras caminaba por Calcuta, me di cuenta de que un chamaco de unos 18 años me estaba sacando fotos desde la acera del frente. Iracunda, saltándome el tránsito de Calcuta (que no sé cómo la Madre Teresa no se murió atropellada ahí antes), crucé la calle y me le planté en frente: “Give me the camera!” Silencio atónito. Gente mirando. “GIVE ME THE CAMERA!!!!!” El mae, bateadísimo, me la da. Delete.Delete.Delete. Con cada vez que presionaba el botón de “borrar”, más liberada me sentía.

En realidad, siempre y cuando esté uno en un sitio público con bastante gente (algo que no es difícil que suceda en el segundo país más poblado del planeta), basta con defenderte verbalmente si algo no te gusta. En India, el qué dirán es súper importante, es una sociedad fuertemente basada en la familia y en la opinión de los demás, por lo que si un hombre hace algo que te molesta, decilo bien fuerte. Él sabe que está haciendo mal e, incluso, saldrá LITERALMENTE corriendo.

Me sentí infinitamente poderosa cuando descubrí LO FÁCIL que era defenderme tan solo con mi palabra en público. Fue como volver a ser un humano de nuevo, luego de haber sido un objeto. Ni Pinocho volviéndose un niño de carne y hueso se sintió tan bien. Y te aseguro que podrás contar hasta con el apoyo de la gente que te rodea. En aquel vagón lleno de soldados en que me tocó viajar, luego de dos horas de soportar como veinte pares de ojos mirándome, simplemente dije muy fuerte: “Es tan cansado tener todos estos soldados mirándome… Aún faltan cinco horas más de viaje. ¿Qué no hay nada interesante para ver por la ventana?”. Inmediatamente, todos comenzaron a ver para otro lado y un mae, un joven indio, se me acercó y me ofreció cambiar de sitio con él, para que ya no pudiesen mirarme más.

Así es: no generalicemos. No todos los indios son un dolor. Hay muchísimos caballeros compatriotas de Ghandi dando vueltas por ahí.

Hombres indios... los hay de todos tipos, como en cualquier lado.

Hombres indios… los hay de todos tipos, como en cualquier lado.

Tip #8. Perdé el miedo

Miles de mujeres hemos viajado solas en India y miles lo seguirán haciendo. Y si nosotras pudimos, no hay razón para que vos no podás. Viajando conocí a una china que no hablaba nada de inglés, pero es que ABSOLUTAMENTE NADA de inglés, ni siquiera “Where are you from?” y viajaba sola, con un traductor en el smartphone. No era nada práctico, porque cada respuesta tardaba como 10 minutos en llegar a través de los bilingües microchips chinos del artefacto en cuestión, pero diay, sea como sea, la mae se sacudió el miedo, empacó y se fue. Personalmente, creo que para estas alturas ha de estar muerta en una zanja, pero sino, ojalá y algún día su traductor pueda regalarnos una entrada de blog de ella, que es toda una heroína.

Lo más probable es que si vas a India, sobrevivás. Como sobreviví yo, aunque creo que no ha habido persona más aterrada que mi alter ego en India ese 25 de julio de 2013. Yo también sobreviví. Y nada me pasó, con excepción de un tipo que me rozó las tetas con el codo en una calle en Delhi. De hecho, fue hasta que me senté a escribir este post que confirmé que, en realidad, me había tocado, en vista de que me puse a revisar otros artículos sobre mujeres viajando solas en India para estar segura de aportar todo lo posible. En ese momento, me quedé con la duda porque me pareció una forma taaaaan bizarra de tocarme que no supe cómo reaccionar. Más bien, lo que me dio fue lástima, porque si tocarme las tetas con un codo (¡qué tanto puede sentir uno con el codo durante un segundo!) fue su única satisfacción en una sociedad en la que tanto placer de la vida se reprime, pues pobrecito que se tenga que contentar con algo tan sin gracia.

En fin, el segundo de un codo de un extraño que nunca más volveré a ver sobre mi pecho NUNCA se compara con la sensación de sentir en mi pecho el aire enrarecidamente flaco de los Himalayas. Vestirse de pies a cabeza con calor no es nada en comparación con el escalofrío que estremecerá tu cuerpo ante el Taj Mahal hasta casi sacarte las lágrimas. Las miradas lascivas de muchos indios no se comparan ante la mirada de la vía láctea en todo su esplendor, en medio de una noche en el desierto de Rajastán.

Así que andate a la India y perdé el miedo de, simplemente, ser mujer. Tu yo futuro te lo agradecerá hasta el último día de tu vida.

En Jodhpur, la ciudad azul.

En Jodhpur, la ciudad azul.

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