Curiosidades de Mongolia (Parte 1)
10 razones por las que Mongolia es ÚNICO (Parte 1)
Uno de los adjetivos más clichés que se pueden utilizar, en cuanto a países se refiere, es “único”.
Si bien es cierto que, de una u otra forma, cada nación es única en sí misma (si no, no habría gente obsesionada como yo con visitar todos y cada uno de los países de la Tierra), también es verdad que los países guardan semejanzas unos con otros, en especial con sus propios vecinos. Por ejemplo, si viaja uno a Sudeste Asiático, indistintamente de si se está en Vietnam o Tailandia, lo más probable es que termine asoleándose en playas paradisiacas, o se encuentre con budas y budas y budas, en todas las posiciones posibles para alcanzar el nirvana. Es normal que cada región tenga sus propios comunes denominadores, ya sean castillos, montar a camello o comer arroz con frijoles.
No obstante, en mi experiencia, hay un país que al chile es ÚNICO en su especie. No solo no se parece en prácticamente nada a sus vecinos más próximos (Rusia y China), sino que, al menos desde mi experiencia, no tiene nada que se parezca a ninguna otra nación. Estamos hablando de (redoble de tambores, por favor): Mongolia. (O bueno, olviden el redoble de tambores; ya desde el título estaba cantado qué chante se llevaba el premio).

Pero ¿qué hace a Mongolia tan particular? Comenzaré con una pequeña anécdota: cuando por fin llego a este país asiático, a bordo del Transmongoliano, procedente de Beijing, escucho a una mujer hablando por teléfono en el compartimento de al lado en un idioma que no suena a absolutamente nada que yo haya escuchado jamás. Por supuesto, hay muchos idiomas que uno nunca ha oído, pero que, al menos, se asemejan a alguno remotamente conocido. Por ejemplo, aunque uno no haya escuchado vietnamita, puede especular que suena como a chino. Pero, en este caso, ¿qué carajos es esa vara? ¿Navajo? ¿Alto valeriano? ¿Klingon…? Y entonces, por fin, me cae el veinte con toda la fuerza de lo evidente: duh, ¡es mongol!
Tal como su idioma, Mongolia no tiene comparación. O al menos yo, hasta la fecha, no he visto aún otro país con un ying-yang en su bandera, con los huevos de dinosaurio más antiguos del mundo y con planicies tan extensas que se pueden ver, al mismo tiempo, tormentas en un extremo y cielos soleados en otro.
Es por eso, y por estos otros detalles, que Mongolia es un país único en su especie:
1. Mongolia parece el inicio de pantalla de Windows
Si, al igual que yo, vivieron ustedes épocas digitales paleolíticas, posiblemente recuerden la imagen de inicio de Windows allá por el año 2000, cuando la humanidad temía que la última página de la historia se escribiera con un Y2K. En ella, se puede observar una pradera verdesísima en contraste con un cielo azulísimo.
Según Wikipedia, esa foto se tomó en el Valle de Napa, en California. Yo estoy convencida de que se tomó en Mongolia.
Al chile que así se ve casi todo este enigmático país: como una pradera infinita… y nada más. En fin, que en Mongolia se lleva al punto más extremo el dicho de que entre cielo y tierra no hay nada oculto porque, más allá de la metáfora, en Mongolia no hay nada de nada. El país minimalista por antonomasia.
2. Es el país menos densamente poblado del mundo
La razón por la que en Mongolia no hay prácticamente nada de nada es porque cuenta con un millón y medio de kilómetros cuadrados y poco más de tres millones de habitantes. Con un kilómetro cuadrado para cada dos mongoles, viene a ser, de tan vacío modo, el país menos densamente poblado del planeta.
Como consecuencia, uno puede conducir durante DÍAS (y ojo que digo días, no horas) y no ver NI UNA SOLA CASA, NI UN SOLO ÁRBOL Y, POR SUPUESTO, NI UN SOLO SER HUMANO, lo que probablemente convierte a Mongolia en el el mejor lugar para ser introvertido y en el peor para quedarse varado en una carretera.
Es como si hubiera ocurrido el fin del mundo y a la compu universal se le hubiera dado reset y, por eso, está uno atrapado en la pantalla de inicio de Windows de la que hablábamos en el punto anterior: porque todo está comenzando de nuevo.

3. Casi un milenio después, Genghis Khan sigue reinando en los corazones del pueblo mongol
Resulta fascinante que, después de contar con el imperio más grande la historia (en cuanto a territorios continuos se refiere), el cual se extendió desde el mar de Japón hasta el Danubio, incluyendo China, Rusia, India, Persia, Mesopotamia, media Europa y hasta parte del Ártico, y que llegó a contar con cien millones de habitantes y 24 millones de kilómetros cuadrados, un día los mongoles dijeran: “La verdad es que esto de ser los amos del mundo es mucho despiche. ¡Jale a criar cabras!”. Y dicho y hecho: desde entonces, los maes llevan como 800 años criando cabras. Como les digo, Mongolia es único en su especie.
No obstante, su nostalgia por sus tiempos omnipotentes de antaño se sigue reflejando en su culto por su fundador y emperador: el célebre Genghis Khan. La memoria de este voluminoso soberano es constantemente recordada por todos los mongoles, ya sea en objetos cotidianos, como cajetillas de cigarros o su moneda (conocida con el curioso nombre de tögrög), o en manifestaciones más idólatras, como una especie de mural que se observa en una de las colinas principales de Ulaambaatar y la estatua ecuestre más grande del mundo.
Como vemos, aunque los maes parezcan totalmente devotos a su pacífica vida pastoril, muy en el fondo no lo superan, aunque a Genghis Khan se le atribuya la muerte de entre cuatro y cuarenta millones de personas, y a nadie más le caiga bien.

4. Mongolia tiene el tráfico más fáunico gracias a cabras, caballos, camellos y, de vez en cuando, águilas monstruosas
El hecho de que Mongolia sea el país más despoblado, no implica que uno se libre de los cotidianos problemas de tránsito de cualquier nación. La diferencia radica en que aquí uno puede quedarse atrapado entre nutridos grupos de cabras, caballos y camellos, muchos de los cuales transitan libremente en rebaños casi salvajes.

También, de vez en cuando en la carretera se pueden contemplar las águilas más monstruosas que haya visto yo en mi vida, tan grandes que parecen descendientes casi directas de un pterodáctilo. Por cierto, estas se pueden encontrar también en las afueras de la estatua de Genghis Khan, donde las maes posan para los turistas, en todo su esplendor y su gloria, a cambio de algunos tögrögs.

Por el momento, dejamos Mongolia hasta acá. Peeeeeeero de un país tan enorme aún hay mucho que contar, así que los espero en el próximo episodio. 🙂