Curiosidades de Azerbaiyán (Parte 1)
Algunas curiosidades de Azerbaiyán (Parte 1)
“Mae, deberíamos hacer un viaje a un país totalmente random, a un chante que nada que ver, que nosotros mismos digamos ‘¿cómo putas terminamos aquí?’ Algo así como… qué sé yo, como Azerbaiyán”.
Esa es mi sugerencia como propósito del 2019 para dos de mis amigos, un tico y un español, a quienes también les encanta viajar frecuentemente y que son mochileros consagrados.
No obstante, como suele suceder con muchos de los propósitos de año nuevo, este pasó a ser simplemente eso: un propósito. O al menos el viaje con ellos, porque como el mundo gira y con una vuelta a veces te pone en sitios inesperados, en 2019 al final yo sí terminé yendo por mi cuenta a esa, para mí, desconocida comarca de Azerbaiyán.

Hay países con los que uno sueña ir toda la vida y, por eso mismo, cuenta en su mente con todo un imaginario de cómo se debe de ver el sitio en cuestión. Cada quien tiene en su cabeza la imagen de, por ejemplo, cómo ha de ser China, Australia o Perú. Pero a ver, honestamente, ¿cuánta gente tiene en su cabeza una imagen de cómo ha de ser Azerbaiyán?
Yo al menos no tenía el más mínimo punto de referencia y, justamente, por eso había propuesto este país, ubicado en el Cáucaso, como un lugar random para ir.
Efectivamente, Azerbaiyán es súper random, al menos desde mi punto de vista centroamericano. Y sea cual sea el punto de vista regional que tengan ustedes, díganme: ¿no les parece random un país donde uno puede encontrarse con un museo de libros en miniatura, volcanes de lodo, una montaña que lleva mil años ardiendo y un idioma que incluye muchas “e” escritas al revés, todo esto a orillas del mar Caspio que, dicho sea de paso, no es tampoco el más trillado de los mares?
Así que ¡taraaaaaaaaán! Bienvenidos a Azerbaiyán que, como les digo, no decepciona en cuanto a su aleatoriedad y que se ve, más o menos, así:

Azerbaiyán es como una cocina de gas gigante
Azerbaiyán significa “tierra del fuego”. Creo que pocos países cuentan con un nombre tan etimológica y simbólicamente preciso, porque Azerbaiyán es como una cocina de gas del tamaño de un país: dos tercios de su territorio cuentan con yacimientos de gas natural y petróleo.
Con tanto gas saliéndose por todas partes entonces, consecuentemente, se producen fenómenos que en otras latitudes serían rarísimos, como la montaña Yanar Dag, cuyas laderas expelen tanto gas que al salir reacciona con el oxígeno de tal forma que siempre (y cuando digo siempre es SIEMPRE, FOREVER AND EVER, PER SECULA SECULARUM) está ardiendo, no importa si llueve, hace viento o cae nieve.

Tanto fuego hizo que Azerbaiyán, en su época, atrajera a seguidores del zoroastrismo, una religión bastante antigua que se basa en las enseñanzas del profeta iraní Zoroastro (el mismo de Así habló Zaratustra, el famoso libro de Nietzche) y que adoran el fuego.
Como hay mucho gas, entonces hay muchas tuberías que decoran el paisaje por todas partes:

También, como hay mucho petróleo, entonces hay muchas máquinas de estas (que mí me recuerdan a una imagen bucólica de Texas contrastando contra un atardecer incandescente), que también decoran el paisaje por todas partes. Aunque, para ser justos, el petróleo comenzó a extraerse aquí incluso antes que en Texas.
Azerbaiyán tiene muchos volcanes de lodo
A las tuberías y a las máquinas extractoras de crudo, agréguenle también al paisaje numerosos volcanes de lodo.
Para ellos esto es quizás tan común como lo es para mí en Costa Rica ver árboles llenos de pericos, pero desde mi punto de vista, un volcán que en vez de lava arroje lodo es bastante inusual por decir lo menos. Si a eso le sumamos que Azerbaiyán cuenta con casi la mitad de los volcanes de lodo de todo el mundo, estamos ante un caso de doble puntaje en excentricidad.
Una vez más, como hay tanto gas, si esta vez se le ocurre salir por un pedazo de tierra suave, voilá: ¡nace un volcán de lodo!

Azerbaiyán es bastante pipi
Con tanto gas y petróleo, Azerbaiyán ha tenido sus momentos en la historia de ser una de las economías de mayor crecimiento en el mundo. Por ello, al menos Baku es bastante pipi, con un aire europeizado (y es que, como les sucede también a los turcos, a pesar de que su país se encuentra entre Europa y Asia, los azeríes prefieren denominarse como “europeos”).
Además es súper, súper, pero súper limpio. Ha de ser, junto con Zadar en Croacia, y Riga en Letonia, la ciudad más limpia que he visto en mi vida. No ves ni una colilla de cigarro en la calle, que no solo están limpias sino que brillan como si cada mañana las pulieran con cepillo eléctrico, ni tampoco ves un papel en sus pasajes underground que conectan aceras y estaciones de metro, y que más bien parecen un extracto de un mall medio pipi.

Azerbaiyán es color sepia
Esa pipisidad es, dicho sea de paso, armónicamente sepia, en cromática consonancia con el país en sí. Los edificios de Baku, por ejemplo, son marrón claro, muy similar al color de sus tierras medio desérticas. A veces me parece que la gente pinta sus edificios tal y como lo que ven a su alrededor, como si no se les ocurrieran otros colores porque no ven otra cosa. Un daltonismo cultural.

Para la próxima semana, seguimos con la parte 2 de este artículo, porque si no quedaba kilométrico, tanta es la aleatoriedad de este país. Manténganse en sintonía. 😉
1 Comment
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Me gusto mucho el artículo… esperando la segunda parte.