Stonehenge: por qué deberías ir aunque te digan que no vale la pena

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Ese día descubrí que era bruta. Brutísima. Imbécilmente bruta. Estúpidamente bruta. Mentecatamente bruta. En fin, valga decir que, junto con el día en que me compré unas botas góticas de plataforma indomable por la módica suma de 100 dólares, y aquel en que decidí matar con una escoba a una mosca posada en una lámpara, este día quedará escrito, definitivamente, en los anales de mis momentos intelectuales más oscuros. Sentada junto a la ventana, desde la cual con toda claridad he Lee más [...]