Desde lejos, se le parecía tanto…

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Hasta ese momento, él había sido sólo palabras. Palabras sin rostro. No es que sea algo totalmente malo. Por eso la literatura es literatura: cada quien puede imaginarse a los personajes como quiera y, aunque el escritor lo describa con puntos y lunares, arrugas y comas, en la mente del lector ese personaje siempre tendrá rostros diferentes, según lea cada quien las líneas que lo acarician. El problema es cuando ni siquiera el escritor tiene claro cómo luce ese personaje. Y el problema Lee más [...]