Desde lejos, se le parecía tanto…

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Hasta ese momento, él había sido sólo palabras. Palabras sin rostro. No es que sea algo totalmente malo. Por eso la literatura es literatura: cada quien puede imaginarse a los personajes como quiera y, aunque el escritor lo describa con puntos y lunares, arrugas y comas, en la mente del lector ese personaje siempre tendrá rostros diferentes, según lea cada quien las líneas que lo acarician. El problema es cuando ni siquiera el escritor tiene claro cómo luce ese personaje. Y el problema Lee más [...]

Nunca me quedo porque nunca nadie dice: “Quedate”

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Cuenta la leyenda que hace unos años, un grupo de amigas solteronas y yo (la más solterona de todas probablemente), nos reunimos un 14 de febrero para ir a un bar a tomarnos unas birras de despecho. Correcto: no nos juzguen. El que no se haya emborrachado al ritmo de Franco de Vita, de Alejandro Sanz o, en el peor de los casos, de Paquita la del Barrio, que tire la primera piedra. O bueno, con lo que narro a continuación, tal vez sí puedan juzgarnos un poquito: y es que aparte del maquillaje Lee más [...]

El tiempo de los otros

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El tiempo de los otros es ese que no es el mío, pero que, curiosamente, se vuelve también mío. Ese, por ejemplo, cuando miro en el Facebook que él está en verde y no me habla, y yo no le hablo tampoco. Ese, que se prolonga por minutos, horas, semanas, meses. Años. Ese que se estira y que creemos que se seguirá estirando por siempre. Desde niña, he sido impaciente. Y cuando me preguntan por mis defectos, ese es casi siempre el que saco primero a relucir: impaciente. Los demás, arrogante, Lee más [...]

Él, quien tenía un nombre tan bonito…

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“Voy a escribir sobre vos”, le digo, mientras mi mejilla izquierda descansa sobre su rodilla y él juguetea con mi cabello suelto. “Ok”, escucho su voz. “Pero no pongás mi nombre. No quiero ser un personaje pequeño en una novela grande”. Una pena, porque él tiene un nombre tan, pero tan bonito... Pero él ya lo sabía y yo también: a la larga, ambos nos llegaríamos a convertir en un personaje secundario en la vida del otro, y luego en uno tan sólo referencial, y luego en uno Lee más [...]

Vos, quien pintarás los amaneceres

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A Martina, quien tal vez no se acuerde de este personaje, pero que es tan suyo como su sangre. Dicen que no hay nadie que no entre en tu vida justo en el momento indicado con una misión indicada. Yo creo en eso. Yo creo que vos, Gemma, entraste a mi vida para terminar coloreando los amaneceres. Lo confieso, mea culpa: hace algunos años llegué a odiar a España y a los españoles. Nada de qué persignarse: los latinoamericanos tenemos una relación amor-odio con la madre patria y sus zopetas Lee más [...]