Entonces, queridísimos lectores… ¿en qué nos habíamos quedado?

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Ah sí: en que nací un 16 de enero de 1981 y 26 años después, el jueves 13 de septiembre de 2007, un sujeto en motocicleta, que irrespetó una señal de alto alrededor de la 1 p.m., en el cruce entre la calle Uruca y la avenida principal de Pavas al oeste de la ciudad de San José (o, como daríamos la dirección en Costa Rica, en la esquina 100 metros al este del Pollo Cervecero) me cambió la vida. Yo nunca lo llegué a conocer. Ni sé cómo se llama. Es más, yo ni siquiera estaba ahí: en Lee más [...]

Y cuando renunció Berlusconi…

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Desde una habitación vacía por el frío del hostal, escucho que Berlusconi ha presentado su dimisión. Es el 12 de noviembre de 2011. Este mismo día, al caer el sol, me marcho yo de Italia. Tal parece que nos vamos juntos, entonces. Empaco mis últimas pertenencias, mientras dejo otras que no me interesa conservar, como las Converse azules ya gastadas, como el jeans de mercado de ropa de segunda mano que solo costó tres euros, como la suéter que usé para salir a correr desde que empezó Lee más [...]

Cosas que se quedaron en el tintero

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El mejor beso No, no fue con vos. Fue con otro. Con otro español. Diay sí, consabida es mi debilidad por los españoles. Es la madrugada, pero el sol se resiste a salir con temprana desgana primaveral. Estamos sentados en el sofá, azul oscuro como el cielo que queda más allá de la ventana. Fumamos pausadamente, sin la prisa de los opiáceos. Aún tenemos en los labios el sabor del vino. Aún tenemos en el cuerpo el calor de la discoteca. Aún tenemos en las manos esa tensión sexual Lee más [...]

Pidiendo ride en Croacia y otras cosas

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“I wonder how the police would tell my parents the way I died...”. Mientras avanzamos kamikazemente por calles encurvadas como fetuccinis ya servidos, comienzo a preguntarme lo mismo: “Sí, doña Elisa, su hija murió en la isla croata de Pag, camino a la ciudad de Zadar, en los Balcanes, en un accidente de tránsito, junto con dos macedonios y un gringo-finlandés”. Para mejores, mi hipotética muerte estaría amenizada por una música que se volverá frecuente en este viaje balcánico, Lee más [...]

Innsbruck noch einmal

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Contaba los días. Deseaba con todas las ganas regresar. Estar rodeada de nuevo por esas montañas imponentes, de rompecabezas de Milton Bradley. Una ciudad encallada en el útero de cordilleras de topes nevados, ni muy grande ni muy pequeña, de tamaño justo, con ese alemán flotando por sus calles y que yo casi ni entiendo, pero que me gusta casi tanto como le pudo haber gustado al mismísimo Goethe. Austria, el país que posiblemente me ha encantado más en este viaje. El Tirol, una de las zonas Lee más [...]