Cosas que se quedaron en el tintero

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El mejor beso No, no fue con vos. Fue con otro. Con otro español. Diay sí, consabida es mi debilidad por los españoles. Es la madrugada, pero el sol se resiste a salir con temprana desgana primaveral. Estamos sentados en el sofá, azul oscuro como el cielo que queda más allá de la ventana. Fumamos pausadamente, sin la prisa de los opiáceos. Aún tenemos en los labios el sabor del vino. Aún tenemos en el cuerpo el calor de la discoteca. Aún tenemos en las manos esa tensión sexual Lee más [...]

Pidiendo ride en Croacia y otras cosas

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“I wonder how the police would tell my parents the way I died...”. Mientras avanzamos kamikazemente por calles encurvadas como fetuccinis ya servidos, comienzo a preguntarme lo mismo: “Sí, doña Elisa, su hija murió en la isla croata de Pag, camino a la ciudad de Zadar, en los Balcanes, en un accidente de tránsito, junto con dos macedonios y un gringo-finlandés”. Para mejores, mi hipotética muerte estaría amenizada por una música que se volverá frecuente en este viaje balcánico, Lee más [...]

Bienvenidos a los Balcanes

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La primera novela que escribí (oh, sí, hay novelas mías, pero posiblemente nunca verán la luz de la publicación, hasta que muera, como Kafka) estaba inspirada en la guerra de los Balcanes. Escrita en un cuaderno Mead de 70 páginas (a mano, naturalmente, porque en esa época solo los ricos tenían compu), estaba inspirada en la foto de un soldado joven, enfrente de una tumba de otro igualmente joven, que recorté del periódico. Ya ni me acuerdo muy bien de qué iba, pero giraba en torno al Lee más [...]