Sos una escritora que se muere de hambre si…

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Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Cuando te sentís magnánima, y crees que ya has tenido suficiente con tres días consecutivos de sandwiches hechos con el pan del supermercado (que costó 80 centavos) y la ensalada de col que costó €1,49,  decidís darte un privilegio culinario al comprarte una cajita feliz en McDonald’s por la onerosa suma de € 3,69.

2. Cuando te estás comiendo tu cajita feliz, contemplando el espectacular panorama urbano que puede ofrecer el segundo piso de un restaurante de comidas rápidas, observás por la ventana que pasa un mae corriendo en la acera de enfrente y te llama la atención que se le cae lo que aparentemente es un paquete de cigarros.

3. Automáticamente te atragantás a toda prisa para ir a adueñarte del paquete antes de que algún otro demente lo recoja y cruzás la calle capeándote los autobuses de dos pisos que vienen en sentido contrario, agarrás la cajetilla y, aunque sólo quedan tres cigarros, te ponés feliz: ¡maaaae, un trío de cigarros! ¡Y sin necesidad de enrolar! Sin duda, la cúspide adictiva del mes.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Trabajás limpiando hostales con el sueño de algún día tener, como Virginia Woolf, un cuarto propio donde no ronquen cuatro italianos en un no tan operístico coro a las tres de la mañana.

2. Coleccionás pastas de dientes, champús y desodorantes (incluso si son de hombre; al menos así te podés acordar de vez en cuando cómo es que olía uno) que van dejando los clientes del hostal, para al menos no gastar en eso.

3. Tu colección incluye pastas de dientes en portugués, desodorantes en inglés (Old Spice) y un champú en un idioma que parece ser eslovaco, pero que al menos dice un regenerador y universal Pantene.

Sos una escritora que se muere de hambre si pasaste por Bloomsbury y se te hizo un hueco en el estómago que, de todas maneras, ya estaba vacío.

Sos una escritora que se muere de hambre si pasaste por Bloomsbury y se te hizo un hueco en el estómago que, de todas maneras, ya estaba vacío.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Cuando caminás por la calle, lamentás al menos una vez durante tu desempleado paseo haber dejado de estudiar música para dedicarte a las letras. Las monedas de un euro en el estuche del violinista son muchas más que las invisibles en tu cuenta bancaria.

2. Alguna vez has deseado haber tenido talento para otras artes. Es factible pintar en la calle y ganar dinero. Es factible bailar en la calle y ganar dinero. Es factible cantar en la calle y ganar dinero. Es factible esculpir en la calle y ganar dinero. Es factible hacer teatro en la calle y ganar dinero. Pero no es factible ponerse a leer una novela en la calle, donde los transeúntes caminan a toda prisa, protagonizando sus propias historias. Los tiempos dorados de los bardos fueron los medievales. Aceptalo. ¡Divino oscurantismo, que te vas para no volver…!

3. Considerás que disfrazarte de gnomo en una calle de Dublín es una profesión mucho más útil, lucrativa y venerable. Observás al duende en cuestión recibir al menos cinco clientes en diez minutos, quienes depositan un euro por fotografiarse en un abrazo mitológico que se vuelve realidad en un giro estúpidamente turístico. Para cuando te das cuenta, has aceptado que el hijueputa duende hace un pichazo de harina y comenzás a evaluar la posibilidad de invertir tus ahorros en un traje verde coronado por un tocado de Sombrero loco, engalanado por una honorable y brillante hebilla.

Parece que lleva la cabeza del hijueputa duende en el carretillo, pero claro, es una ilusión óptica: el gnomo de marras sin duda sigue ahí, sano y salvo, ganando harina.

Parece que lleva la cabeza del hijueputa duende en el carretillo, pero claro, es una ilusión óptica: el gnomo de marras sin duda sigue ahí, sano y salvo, ganando harina.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Pasás muchas, muchas, muuuuchas más horas buscando trabajo en páginas de internet, puliendo tu curriculum y llenando solicitudes, que las horas que invertís en verdad escribiendo.

2. Soñás que te den ese trabajo creando avatares para un sitio web de citas de corte explícito, el empleo más lucrativo que hasta el momento has podido encontrar.

3. Crees que ese trabajo ofrece algún tipo de espacio para cultivar tu creatividad al crear personajes cuando, en el espacio designado a la talla de brassier, escribís: “Adivina”, o un pícaro: “Te lo diré luego”.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Cuando te preguntan cuál es tu profesión, respondés que “periodista”, aunque hace mucho no ejerzás esa vara para la que estudiaste cuatro años, en el peor chiste académico posible.

2. Dar la respuesta “escritora” te parece demasiado grande, como decir “soy astronauta” y te parece que tratar de cumplir un sueño de niña no es algo respetable en el mundo de los adultos.

3. A pesar de que tus amigos te dicen que escribís muy bien, te siguen aconsejando trabajos en sitios más lucrativos y realistas, relacionados con servicio al cliente, ventas y, por supuesto, el glorioso call center, la mina de carbón del siglo XXI. Y lo mejor de todo es que tus amigos tienen tooooda la razón: deberías de dedicarte a eso.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Alguna vez has dormido una noche en un aeropuerto, estación de tren o parque.

2. Has considerado, mientras te fumás el último del trío de cigarrillos que se le cayó al mae que corría frente al McDonald’s, pagar €50 por una cama en un hotel, con el mismo anhelo con el que podrían haber visto Adán y Eva el paraíso, una vez que ya estaban del otro lado de la cerca, desnudos y jodidos.

3. Has terminado durmiendo bajo una escalera en el sleeping bag, con dos Benadryl adentro para construir una muralla de sueños alrededor de las personas solventes,  que siguen pasando en medio de la noche hacia algún lugar donde sí cuentan con una cama desde la cual escribir el punto final a su día. Pero vos no: tu destino es cerrar el sleeping, mientras que el común denominador alimenticio con Adán y Eva, una manzana como cena, se digiere lentamente en tu panza. Sin embargo, con todo y que el piso está helado, lográs dormir nueve horas profundas y te levantás al día siguiente de excelente humor, como si hubieras dormido en el privilegiado tálamo del hotel de enfrente, destinado exclusivamente a los dioses. ¿Pero quién carajos quiere ser un dios de todas formas?

Dormir en estaciones de tren en Alemania: ¡CHECK!

Dormir en estaciones de tren en Alemania: ¡CHECK!

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Estás infinitamente más acostumbrada a escuchar muchos, pero muchos “no” y casi ningún “sí”.

2. O más que el “no”, estás infinitamente más acostumbrada al silencio de quien ni siquiera se toma la molestia de responderte.

3. Das siempre por garantizado el “no” y, como ya de todas maneras lo tenés en los oídos, no te importa ir por el “sí”, porque sabés que, en todo caso, no perdés nada.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Has tenido más bretes en sitios tan random como construcciones, hoteles para perros, campos nudistas y hostales, que en una editorial o un periódico.

2. Ganar $400 al mes te parece una suma mágica, casi obscena, que resolvería todos tus problemas, cual panacea monetaria.

3. Crees que trabajar en lugares aleatorios e inestables te servirá para crear personajes interesantes y escribir historias, de las cuales te vanagloriarás una vez que se dignen a abrirte la puerta trasera del Parnaso.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Tener un cuarto en una buhardilla en el cual escribir ocho horas al día te parece el paraíso.

2. Lo tenés en este momento y no podés parar de escribir, aunque sólo tengás dos horas disponibles, entre alimentar a los perros del hotel, limpiar sus cacas del jardín de múltiples metros cuadrados y abrazarlos cuando entran a tu cuarto moviendo la cola.

3. Contar con una tina en la cual tomar un baño al final del día te parece lo mejor que ha pasado en semanas, un privilegio higiénico y acuático que se merece al menos 30 minutos diarios. Igual, te llevás la compu al baño para seguir escribiendo; ¡nada como hacerlo en una bañera de agua tibia!

Mi buhardilla alemana.

Mi buhardilla alemana.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Cuidás a tu laptop más que a tu pasaporte, más que a tus tarjetas de débito, más que a tu cámara fotográfica y más que a la mismísima Cow.

2. Estar sin Internet te parece como estar sin aire, sin el oxígeno de poder consultar la página del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española o el de sinónimos, para aquellos momentos de asfixiante cacofonía.

3. Preferís no contar con seguro médico por si acaso se descompone la laptop. Es más importante.

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Pasás mucho tiempo sola; días y semanas que comienzan a transformarse en meses.

2. Lo odiaste al inicio, pero ahora te has acostumbrado y sentís que ese será tu destino. El trabajo del escritor es solitario de todas formas, y más vale sentirse cómoda con tus propios fantasmas, que suelen venir a tomar café a la par tuya.

3. Considerás que la única manera de sobrellevar la soledad es escuchando el sonido del teclado como respuesta a tus pensamientos.

Maquina escribir

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Mirás este video al menos tres veces por semana para darte ánimos.

2. Te sentís orgullosa de haber salido de tu zona de confort para vivir plenamente en tu zona de pánico, aunque aún no se haya transformado precisamente en la zona mágica. We are working on it.

3. La tensión emocional te ataca todos los días, incluso más que la creativa en ocasiones, pero después de un cigarro, cuando el humo se desvanece, todo se mira mejor. (Así, al mejor estilo de la publicidad tabacalera de los 80s).

Sos una escritora que se muere de hambre si:

1. Cada comentario de aliento, cada like, cada link compartido, cada palabra son un motivo para seguir. Significan infinitamente mucho más que el frío “gracias” de un cliente a quien le has desbloqueado la tarjeta de crédito, más que el rostro de alivio de un huésped que encuentra su cuarto limpio después de un largo viaje y, sin duda, mucho, mucho más que la sonrisa polaroid que recibe el  hijueputa gnomo, sonriente sólo de la máscara para afuera. Saber que a alguien le ha gustado lo que has escrito significa que has tocado su alma, aunque sea con un breve suspiro de letras.

2. Has recibido apoyo de personas que nunca te lo esperabas y comenzás a pensar que si ellos creen en  vos, aunque tal vez jamás los hayás visto, no queda más que creer en vos misma e iluminar, con el resplandor de la laptop, esa oscura soledad.

3. Aunque sea difícil, podés reírte todavía de vos misma y sentirte satisfecha de que, si bien es posible que hayás tomado una mala decisión, son precisamente las malas decisiones las que tienen el potencial de generar las mejores historias. Pero no importa: sabés que a esta, tarde o temprano, vas a poder escribirle un final feliz.

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