Couchsurfing: ¿Cómo hospedarse gratis y hacer amigos en cualquier país?

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(7 mitos sobre el Couchsurfing y otras redes de hospedaje).

“Nunca hablés con extraños”, me decía mi mamá allá por los 80, sin saber que algún día, 25 años después, su hija vería como algo tuanis dormir en el sofá de un extraño en un país desconocido.

Antiguamente, semejante idea audaz (por no decir estúpida) podía ser considerada solo como consecuencia de una noche en la que todo lo que podría salir mal, de hecho, salió mal. ¿Qué putas tendría yo en la cabeza para hacer algo así un cuarto de siglo después? Una palabra: Couchsurfing.

Lo entiendo, neófitas criaturas no surfeadoras de sofás: suena como si, en vez de escribir Sobre el caballito, estuviese dispuesta a protagonizar una novela policiaca y cumplir voluntariamente el papel de víctima, feliz de que con mi sangre se escriban los capítulos del libro.

Esta es la realidad,

Esta es la realidad.

De hecho, la primera vez que escuché sobre Couchsurfing, allá por el 2009, me pareció maravilloso (pero absurdo) que una pareja de Detroit, Michigan, Estados Unidos, aceptara recibirnos a 14 personas desconocidas gratis en un apartamento de una sola habitación (sí, correcto, leyeron bien) y que, de feria, hicieran una fiesta con todos sus amigos para celebrar nuestra llegada. Pero en el mundo de las redes de hospedaje eso (y mucho más) es posible, como lo sería en un mundo ideal donde Caín nunca hubiese matado a Abel y no todos intentáramos jugar siempre Monopoly.

Después de mi primera experiencia couchsurfeando, pronostiqué, erróneamente, que todos los hostales se irían a la quiebra. Las redes de hospedaje, para mí, representan más allá que un par de metros cuadrados para dormir: es un entrecruce de caminos donde puedo descubrir amigos que no conocía en países de los que tampoco sabía nada. Más allá del ahorro de dinero (que sí es importante), es salirse de de las páginas  turísticas tradicionales de un libro como Lonely Planet (donde ni siquiera hay personajes) para meternos en las novelas de gente real, con toda su cultura, y escribir capítulos mucho más interesantes de los que se podrían garabatear desde las alturas de un bus turístico Hop-on, Hop-off. Gracias a las redes de hospedaje, yo he terminado haciendo varas tan random como ir a un bar latinoamericano clandestino en medio de Belgrado, entrar en la Hunderwasserhaus de noche (un edificio de apartamentos en Viena, que es una de las atracciones de la ciudad, aunque su interior está cerrado al público) o pasar tres semanas en un idílico viñedo en California, brindando con vino exquisito todas las noches.

Las redes de hospedaje son sitios web que funcionan como una especie de Facebook, donde uno sube sus fotos, información básica (edad, profesión, ciudad) y gustos, entre otra información trascendental, como haber visto a alguien lanzar un cigarrillo, que este rebotara y cayera de forma vertical. La idea es tan simple como suelen serlo todas las brillantes ideas: con el fin de promover el intercambio cultural, los couchsurfers pueden hospedarse en las casas de los miembros, ir con uno de ellos a conocer la ciudad o asistir a alguna de las fiestas o reuniones organizadas en la zona SIN NADA DE DINERO DE POR MEDIO. Al estilo de la antigua Grecia, cuando los dioses escogían a sus favoritos y la hospitalidad solía ser una virtud.

Así, cuando vas a una ciudad, simplemente podés poner en el buscador tu destino y de ahí empezar a enviar solicitudes (lo que yo llamo “hacer la tarea”), con filtros disponibles para edad, sexo y número de noches, entre otros. En lo personal, por lo general yo mando cinco, para tener varios respaldos y, en todo caso, no agobiar a mi host con mi presencia (porque bien dicen que el muerto y el arrimado a los tres días apestan… aunque bueno, se han dado casos en que si me he llevado bien con el host me he quedado hasta 3 semanas y sin apestar).

sofas

Couchsurfing es el sitio más famoso de todos, con una comunidad online de más de seis millones de usuarios y presente en prácticamente todos los países del mundo. Sin embargo, polémica reciente (acerca de la compra del sitio web por una compañía), ha hecho que muchos usuarios se desmotiven por los ánimos de lucro y que BeWelcome haya duplicado sus miembros, que se autodenominan como “refugiados” de Couchsurfing.

Polémica o no, el punto es que yo sigo usando más que todo Couchsurfing y, en vista de que estoy revelando todos mis secretos de cómo viajar con bajo presupuesto para motivar a mucha gente a hacerlo también (que como vemos, en este caso es un secreto compartido por más de seis millones de personas), he decidido dar una pequeña cátedra desmitificadora sobre este sitio web y redes de hospedaje en general. En fin, el punto es que las redes de hospedaje, una de las ideas más brillantes de la historia mochilera (tanto que debería ganar el premio Nobel de la paz) se sigan esparciendo por un mundo donde la gente cree que solo con la plata baila el perro, cuando bien podría hacerlo con un poco de buen karma.

Así que, sin más preámbulos, vamos a desmitificar la vara para que vean cuán tuanis puede ser dormir en el sofá de un desconocido, indistintamente de  lo que les hayan dicho sus madres alguna vez.

1.Es hospedaje gratis.

¡Noooooooo! ¡No lo es! Y lo pongo como primer mito en honor de los miles y miles de hosts (anfitriones) que hemos recibido una solicitud de copy-paste por parte de gente que ni siquiera es capaz de fijarse que no estamos en nuestros países, a pesar de que lo dice claramente en nuestros perfiles.

Sí, la vara no involucra dinero de por medio, pero no se trata de aprovecharse de la gente como hotel gratis. La idea es tener un compa a donde quiera que uno vaya. Uno de los secretos por los que yo casi siempre encuentro couch es porque me tomo mi tiempo para leer todos los perfiles de la gente que me interesaría que me hospedara, porque entiendo que voy a hacer un amigo, no que voy a quedarme en un sitio gratis. Además, ¿a quién le gustaría quedarse con una persona con la que no tiene nada de qué hablar? (si no cuentan con experiencia en el ámbito, les recomiendo ver el episodio de Friends cuando Ross y Mike deciden tomarse unas cervezas). Así que mando solicitudes súper personalizadas como mínima muestra de respeto por una persona que va a abrirme las puertas de su casa sin siquiera conocerme. ¡Mandaría  huevo si no!  Y si estoy sin ánimo de socializar, o de verdad no encuentro a alguien con quien sienta que habrá química, entonces pago un hostal y listo, aunque no sea tan dadaísta como dormir en un colchón en una escuela abandonada o ir a una fiesta electrónica bajo un puente del Danubio.

Una escuela abandonada: el sitio más extraño en que he hecho Couchsurfing.

Una escuela abandonada: el sitio más extraño en que he hecho Couchsurfing. Londres.

2.Es inseguro.

¡Noooooooo! ¡No lo es! Probablemente, tan solo un porcentaje bajísimo de couchsurfers cuenta entre sus antecedentes con la costumbre de meterse en un charral con un saco, para robarse mochileros y zampárselos como el plato del día, aderezados con masala, soya o salsa Lizano, según en el país en que se encuentren.

Aunque he de admitir que mis primeras experiencias de Couchsurfing fueron grupales o en compañía de mi exnovio, si vos sabés escoger a tus huéspedes o a tu host, las probabilidades de que la cara de uno comience a aparecer en cartones de leche y en fotocopias pegadas a postes de luz como desaparecido son muy, pero muy remotas.

Couchsurfing cuenta con un sistema de referencias. En el muro del perfil, las personas de la comunidad pueden comentar sus experiencias sobre vos y calificarlas como positivas, neutras o negativas y NO SE PUEDEN BORRAR hasta que llegue el día del juicio final y Dios baje el dedo del cielo y las borre él mismo. De modo que si, por ejemplo, vos me alojaste y te robé tu iPod, me lo podés poner en mi muro de perfil y ahí me jodiste, porque una mala referencia (en especial en asuntos de robos o de abusos sexuales) prácticamente te exilia de la comunidad. Tener tan solo referencias positivas es esencial para cualquier couchsurfer que se precie de serlo: tu perfil es como tener tu consciencia expuesta online.

A estas alturas, he perdido la cuenta de todos los sitios en que he hecho Couchsurfing (en vista de que es casi siempre mi primera opción cuando viajo) y toda la gente que he alojado, pero puedo asegurar que, con ayuda del sistema de referencias, NUNCA he tenido una experiencia negativa, por muy arriesgado que pueda sonar dormir en casa de una persona tan solo por lo que dice otra gente sobre ella en internet.

Pero en fin, como dice uno de mis mantras mochileros: “Siempre he confiado en la bondad de los desconocidos”.

El mejor cuarto de Zurich. Couchsurfing en Suiza.

El mejor cuarto de Zurich. Couchsurfing en Suiza.

3. ¡No sea tan jetona! Fijo hay malas experiencias

¡Noooooooo! ¡No las hay! O bueno… ¡Siiiiiiiiiiiiií! ¡Sí las hay! Obvio que ha habido malas experiencias en el mundo del Couchsurfing, entre seis millones de personas algunos villanos habrá de haber (como en todas las historias). Pero, como digo, gracias al sistema de referencias, uno puede evitarlas.

A mí, por ejemplo, me llegó una solicitud de Couchsurfing de un mae, pero había dos personas que habían puesto que era un estafador y que, de feria, se robaba las sábanas. No entiendo por qué putas alguien haría eso, pero bueno, aunque yo no soy una persona muy apegada a mis sábanas a menos de que esté a cinco minutos de tener que levantarme, no quisiera a alguien con semejante afán de colección bajo mi techo. También una vez me llegó una invitación de un tipo que en su perfil tenía 170 referencias positivas, pero cuatro negativas de mujeres con las que había intentado propasarse. Así que nones. En fin, por sus referencias los conoceréis.

En mi caso personal, mi única experiencia algo negativa fue con un mae que había puesto en su perfil que tenía dos hijas y que, como no podía costearles viajes, le gustaba recibir couchsurfers para que conocieran otras culturas. Me encantó la idea, pero cuando llegué a su casa, resultó ser que las niñas estaban pasando el fin de semana con la mamá y la verdad es que, aunque el mae fue muy amable conmigo, no teníamos absolutamente NADA de qué hablar (al menos Ross y Mike tenían sus diálogos escritos en el guión). Pero diay, dos días de intercambiar sonrisas forzadas y nerviosas con un húngaro random no son nada en comparación con toda la gente súper tuanis que he conocido directa o indirectamente por Couchsurfing (y que se han llegado a convertir en mis mejores amigos, incluso) y que me han ofrecido de las mejores experiencias en mis viajes, al grado de que buena parte de los capítulos de la novela Sobre el caballito de madera  fue protagonizada por couchsurfers.

Con Manuel. Fue mi host en Austria y de casualidad nos volvimos a encontrar en Delhi, cuando yo estaba sola y enferma en un hotel.

Con Manuel. Fue mi host en Austria y de casualidad nos volvimos a encontrar en Delhi, cuando yo estaba sola y enferma en un hotel.

4. Si no tengo referencias, nadie me va a aceptar

¡Noooooooooooo! ¡No es así! Todos empezamos por algún sitio en Couchsurfing y las referencias no nos las dieron nuestras mamás, ni nuestros profesores del cole (¡por dicha!), ni nadie secuestrado en un sótano con un arma en la cabeza.

Si apenas has abierto la cuenta, pedile a gente que ya tenga una y que haya viajado con vos, o que te conozca del trabajo, de la universidad o algo así, que te deje tus primeras referencias. Y hacé tu perfil lo más completo posible, con fotos y toda la información posible, para que la gente te conozca. Al final, no necesariamente es que le abrís la puerta a un desconocido después de todo: la gente necesita saber quién sos.

5. Pero si abro una cuenta, a huevo tengo que alojar a alguien si me quedo en casa de esa persona y no tengo espacio, o estoy muy ocupado ahora, o la verdad hay días en que no quiero, o… (llene este espacio con su excusa favorita).

¡Nooooooooooo! ¡No es así! Couchsurfing es un intercambio en el sentido kármico de una “cadena de favores”: si yo te doy hospedaje a vos, eventualmente alguien me lo dará a mí. No hace falta que sea recíproco, esto no es un intercambio de casas ni nada por el estilo, el “dando y dando pajarito volando” aquí no aplica, porque la idea, al fin y al cabo, no involucra ninguna especie de ave.

De hecho, rara vez se da la oportunidad de darle hospedaje a alguien que te lo dio, los planetas tienen que alinearse de forma tal que la gravedad atraiga hasta tu tierra natal a una persona que está a varios paralelos y meridianos de distancia. En mi experiencia, la única vez que se ha dado el fenómeno fue con mi amigo Tomas: yo le ofrecí couch cuando él pasó por Costa Rica y luego él me hospedó en su casa en Eslovaquia, donde dadaístamente acabé en el Mundial de hockey.

Tomas y yo en el Mundial de Hockey. Kosice, Eslovaquia.

Tomas y yo en el Mundial de Hockey. Kosice, Eslovaquia.

Si no podés hospedar, no pasa nada: podés poner que momentáneamente tu couch no está disponible o quedarte en la modalidad en la que estoy yo ahora (disponible solo para ir por un café o un tour por la ciudad). Como mencioné anteriormente, esta vara no se trata solo de un cuarto privado con baño, de un sofá cama, de un colchón, de una hamaca o de un metro cuadrado donde dar tres vueltas y echarse: se trata de conocer gente que siempre ha sido tu amiga pero que, simplemente, no conocías.

6. Si dejo que alguien se quede en mi casa, hay que darle la llave

¡Noooooooooooo! ¡No es así! Tu casa es tu casa y las reglas las ponés vos; muy tuanis la idea e imagine no possessions, pero hasta el mismo John Lennon tendría sus normas en su choza y si no, las pondría Yoko. Cada host pone sus reglas: número de días, número de personas que se pueden quedar, si acepta solo mujeres o solo hombres, si te da la llave o solo podés estar en la casa mientras él esté ahí, si te acepta con mascotas, si hay que llevar sábanas (y no robárselas), etc.

En fin, las reglas pueden ser infinitas según las necesidades o caprichos de la gente (que en este caso, también son válidos). Siendo couchsurfer te toca respetarlas todas y cada una de ellas mejor que los diez mandamientos, porque uno podrá olvidarse de santificar las fiestas de guardar, pero ponerse a fumar en la sala de alguien sin preguntar si se puede o no, merece los fuegos eternos del infierno donde ya, de por sí, hay mucho humo y a nadie más le ha de importar.

Además de seguir las normas, usá un poquito el sentido común: si estás ahí, ofrecete a ayudar con tareas de la casa (yo no cocino, porque no quiero intoxicar a nadie tan pura vida, pero sí lavo los platos), invitá a cenar a tu host o comprale un regalito sencillo. La mayoría de los hosts no te pide absolutamente nada a cambio y, si lo hacen, son varas súper simbólicas y simples la gran mayoría de las veces: uno de mis hosts me pidió que hiciera un collage porque él decora su casa con collages de couchsurfers, otro dijo que una caja de cereal sería bien recibida porque le encanta y pega las cajas en el techo (cada quien con sus ideas de Pinterest), o puede ser tan solo hacerse una foto con ellos o dejar tu firma en el muro de la casa.

Mi contribución al muro de la fama en una casa de estudiantes. Couchsurfing en Riga, Latvia.

Mi contribución al muro de la fama en una casa de estudiantes. Couchsurfing en Riga, Latvia.

7.Couchsurfing es para tener sexo

¡Nooooooo! No lo…. Ejem, ejem… No soy la persona más indicada para desmitificar este punto porque en realidad sí, lo admito, mea culpa, y aprovechando que este post se escribe en semana santa, quizás sea una buena oportunidad para ir a socarme el cilicio. La verdad sí me he visto involucrada con couchsurfers, aunque en las normas de uso del sitio se recalca claramente que Couchsurfing no es un sitio de citas o algo por el estilo (a mí siempre se me olvida leer la letra chiquita en los contratos).

Pero bueno, es una realidad que la enorme mayoría de solicitudes de couch que recibo son de hombres y que la enorme mayoría de solicitudes que yo hago son para hombres. Y, por lo que he hablado con otros couchsurfers, así sucede por lo general (no sé por qué, los seres humanos sí que somos raros…). Y es que, en lo personal, a mí me gusta quedarme con dos tipos específicos de hosts: las casas de estudiantes (siempre están llenas de gente, hay mucho ambiente, si no te llevás tan bien con tu host, hay otra gente con la cual andar y, por lo general, me toca dormir en la cocina, centro de toda la acción culinaria y social del chante), o bien, con maes. Elijo a hombres porque, por lo general, suelo llevarme mejor con maes que con mujeres (perdón chicas, nada personal) y, siempre hablando en términos generales, la verdad se esfuerzan más por tratarme bien. Son más proactivos, corren la extra mile como dicen los angloparlantes, aunque no siempre eso desemboque en otro tipo de deportes de contacto.

sofa salzburgo

Mi sofá en la cocina de una casa de estudiantes. Salzburgo, Austria.

Y bueno, es lógico que estando en un país extranjero, donde todo es nuevo y excitante, y que para mejores estés con un mae con el que tenés muchas cosas en común, tomándose una copa de vino en el sofá, la situación pueda llegar a algo más en ese sofá y que el vino termine por desparramarse. He conocido gente que, incluso, se ha casado por Couchsurfing. Es el devenir normal de la vida y, como adultos, no hay nada de qué santiguarse.

En todo caso, al igual que sucede en la vida real, siempre existe la posibilidad de decir que no y empacar e irse si la vara no cuadra. Además, no es que suceda tooooodo el tiempo y siempre existe la posibilidad de quedarse en casa de una persona de un sexo que no te atraiga, con una pareja o una familia. También he tenido experiencias couchsurfers de ese tipo y han sido increíbles, que si bien es cierto que a mí los hombres me encantan, tampoco es esto una novela tipo La isla de los hombres solos o El señor de las moscas como para contar con un elenco 100% masculino.

En fin, esos son los mitos en torno al Couchsurfing, aplicables a otras redes de hospedaje. Si tienen preguntas, pueden contactarme por aquí, tranqui, la vara es que se animen a viajar y a abrir sus cuentas de couch. Dense cuenta de que el karma, al fin y al cabo, también duerme en sofá, de que nuestras mamás no siempre tenían la razón y de que ¡siiiiiiiiiiiiiií! ¡Es tuanis dormir en el sofá de un extraño!

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