Una noche en el KitKat, el club con sexo en vivo (preguntas frecuentes)

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“Mae, la verdad es que esa posición no la entiendo…”.

“Oye, güey, la verdad es que yo tampoco…”.

Esas somos mi amiga mexicana Paulina y yo (digo, en caso de que no lo hubieran deducido por el “mae” y el “güey” :p) mientras estamos sentadas al borde de la piscina y vemos, al otro lado, a una mujer que lleva un traje que más bien parece una telaraña de látex moverse encima de alguien más. Y es que por supuesto que no entendemos la posición, puesto que quien está debajo es otra mujer, y lo que ambas están utilizando es un dildo gigante. Un poco más allá, dos hombres completamente desnudos realizan acrobacias en un columpio y se lanzan a la piscina con una energía que los hace chapotear hasta lo más profundo, una energía más poderosa que la fuerza de gravedad, y que es la libido. Y, un poco más allá, una pareja heterosexual tiene sexo mientras un trío de hombres muy guapos y jóvenes, que yacen unos encima de otros, la observa con un trío de correspondientes sonrisas. Ajá: todo esto sucediendo de manera simultánea dentro del mismo perímetro.

No. No es esta una escena bizarra de un sueño medio retorcido que tuve la noche de sábado anterior. Es una mañana de domingo de verano en el KitKat Club en Berlín.

Y es que, ¿qué se puede esperar cuando un director de películas porno decide ponerse su propia discoteca? Pues el KitKat Club.

KitKat Club

El rocambolesco logo del KitKat Club.

Desde que fui a esta discoteca, donde se tiene sexo en cualquier lugar del edificio a plena luz de reflectores (o del día según lo descrito en la insólita escena anterior), he recibido varias preguntas por parte de mis amigos que no han estado ahí. Por lo tanto, si bien es cierto que había escrito una primera versión de este artículo más estándar, decidí cambiarla por una de “preguntas frecuentes” para satisfacer curiosidades y morbosidades a partes iguales.

De tal manera que, sin más preámbulos, pasemos al tema de marras y aclaremos qué se puede esperar en una noche en el célebre KitKat Club, donde los más bajos instintos en Berlín salen a divertirse cada noche.

1. ¿Qué es el el KitKat Club?

El KitKat Club es uno de las discotecas más legendarias de Berlín. Fundada por el director austriaco de películas porno Simon Thaur y su compañera Kirsten Krüger, lleva más de 20 años funcionando bajo la tan berlinesa fórmula de “vive-y-deja-vivir” llevada al extremo de “coge-y-deja-coger”.

Efectivamente: el KitKat Club es famoso porque sus asistentes tienen la libertad de mantener prácticamente cualquier tipo de acto sexual en cualquier lugar de la discoteca siempre y cuando sea consensuado. Es decir, que aquí la gente no es que se encierra en el baño a tener sexo, o que alquila cubículos, o que busca la esquinita más oscura del club. Aquí es al contrario: la idea es que te vean fornicando a vista y paciencia de todos los presentes. Y cuando digo a vista y paciencia no es un decir, porque cualquiera que haya visitado la capital alemana sabe que caminar por sus calles es un ejercicio de continua tolerancia nivel avanzado-intenso-hardcore-deje-su-agua-bendita-en-la-choza.

2. ¡Mae! ¿O sea que eso es un chante donde la gente va a tener orgías?

No. No se me hagan bolas. El KitKat no es un epicentro de orgías obligatorias e ineludibles. Es también una discoteca normal, donde la gente va a bailar, a beber y a pasársela bien. Y si usted no quiere tener sexo con nadie, no tiene por qué tener sexo con nadie.

Lo que distingue al KitKat de otros clubes son dos diferencias básicas: 1) para entrar, tiene uno que seguir un código de vestimenta (ver pregunta #6), y 2) si alguien quiere tener sexo o masturbarse abiertamente, lo puede hacer sin que nadie llame a la policía.

Es, en fin, un club donde coexisten de forma lúdica y pacífica las más diversas formas de prácticas sexuales, un club hacé-lo-que-te-dé-la-gana.

3. Entonces, ¿uno ve gente cogiendo ahí no más?

¡Que sí! Rolling eyesEso significa que usted, mientras baila al ritmo del trance o espera por una birra en la barra, de la misma manera en que ve gente conversando y bailando a su alrededor, va a ver sexo heterosexual. Sexo en tríos. Sexo swinger. Sexo lésbico. Sexo homosexual. Sexo oral. En fin, menciónelo y probablemente ya habrá sucedido en el KitKat Club.

KitKat Club

La entrada al KitKat Club.  Berlín, Alemania.

4. ¿Y nadie se espanta?

No. Nadie, absolutamente nadie, se espanta. Y si lo hace, nadie lo demuestra.

Para comprenderlo mejor, es importante que usted entienda el espíritu berlinés si aún no ha estado ahí.

A grandes rasgos, desde mi experiencia personal, he de decir que a veces me da la impresión de que, al vivir en la capital alemana, estoy viviendo en Sodoma y que más allá está Gomorra, que vendría a ser Ámsterdam. Estas ciudades definitivamente no son para cualquiera. O sea, no es que todo en ellas sea un tornado de perdición, sino que en ellas nada humano resulta ajeno.

Por ejemplo, al subirse al metro en Berlín, lo mismo pueden ir en el mismo vagón una mujer musulmana usando su hijab, un punk de cabello en picos y con el 62% de la cara tatuada, un hombre con saco y camisa, un mae vestido de unicornio fetish y una mujer con dos niños que vienen saliendo de la escuela. Todos en el mismo vagón, sin sorprenderse los unos de los otros.

Y, para ser sincera, eso es lo que amo más de Berlín y que la hace la ciudad que escogí para vivir por sobre todas las ciudades en las que he estado en este planeta: es la ciudad en que nadie te juzga. La ciudad en que como digo, el “vive y deja  vivir” no es solo una frase Hallmark compartida en el muro de Facebook, sino llevada a la práctica hasta sus últimas consecuencias. O más bien, HASTA SUS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS.

Por lo tanto, si decidís empacar tus prejuicios y juicios al momento de venirte a Berlín, te garantizo que vas a terminar sufriendo de manera tan enorme como enorme es la capital alemana. Porque para quien habite en esta ciudad nada humano le debe resultar ajeno.

Berlín Gente

Esto es Berlín: gente rara que no es tan rara.

5. ¿Y no es peligroso ir a este club?

 No. hummO más bien: NO hummhummhumm

No. No es peligroso. Como les digo, aquí mientras sea sexo consensuado entre personas mayores de edad, #TodoBien. La verdad es que lo digo y lo repito, y lo seguiré repitiendo hasta que me muera: cuanto más viajo, más me doy cuenta de que son pocos, poquísimos, los temores en nuestra cabeza que se justifican.

6. ¿Cómo es la gente que va ahí?

El único requisito para entrar al club, además de los 10 euros de la entrada, es seguir el código de vestimenta: o usted se viste de látex, o de cuero, o se disfraza de enfermera, o de marinero, o mínimo anda en ropa interior. No en vano es común ver gente haciendo fila con sospechosas gabardinas, sin saber uno qué putas llevan (o más bien no llevan) ahí abajo. Yo opté por un look de colegiala y, aunque ni operada de la jupa saldría JAMÁS vestida así por la calle, como les digo, esto es Berlín y esto es el KitKat, lo que me convierte irónicamente en una de las personas con más ropa en todo el club este sábado por la noche. :p

Correcto: la desnudez también es parte de la norma acá, y en verdad, si nada humano ha de resultar ajeno, de la misma manera en el KitKat entra el espectro más variado de looks por la puerta, en que a veces es Kristen (como sucede esta noche de sábado) la que decide a la entrada quién pasa y quién no. De tal manera, he de decir que es este el club con la gente más despampanantemente hermosa que he visto yo en mi vida justo al lado de la gente más fea que también haya visto yo en mi vida. Mujeres decididamente guapísimas, vestidas de Caperucita roja sexy, o de Maléfica fetish, o simplemente usando una bufanda y nada más, junto a hombres de cuerpos esculturales, vestidos de látex, sin camisa, o simplemente usando un corbatín y nada más. (Nota al pie de página: para mi mala suerte, muchos de los hombres en este sábado en la noche son homosexuales, de manera que en mi caso venir acá es algo así como ir al museo del chocolate: puede uno ver, pero no probar. :p ).

Paralelamente, puede uno ver gente insufriblemente fea, gente que el día en que nacieron Dios las hizo ya con lo que le quedaba raspando al fondo de la olla, lo cual me hace pensar que muchos de quienes asisten religiosamente a este club encallado en el número 76 de la calle Köpenicker han de ser un montón de actores porno frustrados, que no pasaron el casting por güeisos y aquí encuentran el consuelo a su carrera malograda en el fascinante mundo de la pornografía. Por ejemplo, un mae  tan peludo que yo creí que era un disfraz (a todo esto, usando únicamente un antifaz verde fosforescente que le daba un indiscutible aire de hombre lobo en noche de rave); una mujer con un maquillaje de ojos color rojo Halloween-forever, pero que no, tal parece que así es al natural luego de incontables noches mal dormidas; y un mae que estoy convencida como que me llamo Andrea que tuvo que haber inspirado el personaje de Gollum de El Señor de los Anillos, lo cual me hace pensar que, si bien J.R.R. Tolkien cronológicamente no pudo haber venido aquí, capaz que Peter Jackson sí y tomó nota en el KitKat para crear a tan repulsiva criatura.

En fin, de todo hay en la viña del señor…

KitKat Club Blog de viajes

La esquina donde se encuentra el KitKat: entre las calles Köpenicker y Heinrich-Heine… Aquí les queda la dirección, para que se lleguen ahí y comprueben lo relatado en este blog por ustedes mismos. 😉 Berlín, Alemania.

7. ¿Cómo son las instalaciones?

El KitKat, como sitio sexualmente lúdico, cuenta con “juguetes” desperdigados por todo el club, como una silla ginecológica, una plataforma con fines BDSM, un sauna, una piscina, columpios y, por supuesto, un montón de sillones (en los que, al menos a mí, me da asquillo sentarme :p), además de dos pistas de baile.

En términos generales, sin embargo, se mantiene bastante limpio, en especial los baños, donde a cada rato pasa un mae con un trapeador descomunal que no deja mancha en pie a su paso (la de cosas que habrá visto este hombre en su trabajo… y ese trapeador en su trabajo).

En cuanto a decoración, de manera análoga a como sucede con su sitio web, el KitKat club sigue estancado en los años 90. Se ve bastante venido a menos, un tanto descolorido en cuanto a paredes y mobiliario (ese es el estilo Berlín: pobre, pero sexy), y con un dragón que escupe fuego periódicamente desde una de las paredes que rodean una de las dos pistas de baile, probablemente para que estas almas se vayan acostumbrando al infierno que les espera allá abajo según los cánones de muchas de las sociedades cristianas que han caracterizado Europa por siglos en que, a pesar de todo, la gente ha seguido copulando en un carpe diem tan hedonista bajo las sombras.

8. ¿Cuándo está abierto el KitKat?

Natürlich, está abierto todos los días y los fines de semana está abierto las 24 horas, porque si Berlín nunca duerme, menos el KitKat. Así que, mientras escribo esta entrada de blog un lunes a las 7:20 p.m., ahí seguirá, quizás tal y como lo dejé ese domingo al rayar el alba, porque ni siquiera la luz del sol puede intimidar, ni menos ocultar, a quienes se atreven a cruzar el umbral. Quizás los personajes hayan variado, pero fijo seguirá ahí algún chico guapo que se deja amarrar desnudo en una plataforma con los ojos vendados y untarse todo de aceite, seguro que caminará por ahí un travesti con tacones altos y penacho de apache y, con certeza, los orgasmos sonarán con tanta fuerza como el incansable bajo del techno.

KitKat Club

El otro lado del KitKat Club. No se pueden quejar de que no les di un tour por exteriores. 😉 Berlín, Alemania.

9. ¿Qué fue lo más rajadamente impresionante que viste?

Hummmmm… En lo personal, creo que a mí lo que más me impresionó fue ver a varios señores ya viejitos, hechos MIERDA, que se ve que están de fiesta sin parar desde 1978 más o menos, y que yacen desparramados en los sillones más recónditos con la mirada perdida, desnudos de la cintura para abajo, temblando de tal manera que uno no sabe si es Parkinson o un cuerpo que ya no sabe poner a circular sangre sin speed, masturbándose cuando ahí ya nada se levanta ni con grúa, y que al menos a mí, fuera de vara, hasta me daba miedo que se fueran a morir de una embolia, de un momento a otro, enfrente mío.

También se me marcó mucho en la memoria un hombre con un pene gigantesco y mirada lasciva, que se paseaba desnudo intentando a su vez robarse el show (¡suerte con eso, mae! Thumb up); uno de estos que sin duda son de los que se sube a un ascensor y “desempaca” todo en público. Lo que se conoce, en fin, como un exhibicionista.

Y es que bueno, ese es el KitKat: una muestra de la humanidad en sus extremos sexuales más intensos, desde lo estéticamente sublime, hasta lo más tristemente bajo. En ese sentido, de la misma manera contradictoria, al menos para mí resulta extremadamente interesante, pero no es que yo voy a adquirir tarjeta de cliente frecuente del chante. 

10. ¿Y no hay fotos?

¡Ah! ¿Con que quieren fotos de la gente bonita desnuda? Pues lamento decepcionarlos, pero no se permiten fotos dentro del club para respetar la privacidad de los asistentes. Por lo tanto, si quieren ver para creer, diay, chiquillos, ni modo: van a tener que ir.

Solo recordá que, si vas a Berlín, nada humano debe resultarte ajeno. Y que, especialmente si vas al KitKat Club, nada, absolutamente nada sexual, debe resultarte ajeno.

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