Cuando viajar ya no es suficiente

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A mí siempre me pasa lo mismo con el cereal: compro una marca X y desayuno ese tipo de cereal, todas las mañanas, por semanas y semanas, hasta que me harto. Zucaritas-Zucaritas-Zucaritas. Special K-Special K-Special K. Rice Krispies-Rice Krispies-Rice Krispies.

Y así con todo. Descubro una canción nueva y la oigo, la oigo, la oigo hasta que descubro en el iTunes que escuché Copenhagen de Vetusta Morla 226 veces y que por eso no debería sorprenderme de que ya no la pueda escuchar más.

Lo mismo me pasa con viajar. Viajo, viajo y viajo, hasta que comienzo a sentir una necesidad imperiosa de quedarme todo el día en la casa y ver películas. Yo lo llamo “mi jengibre”: ese pedacito de jengibre que te comés entre un pedazo de sushi y otro pedazo de sushi para poder apreciar mejor el sabor.

En una de mis etapas de viajo-viajo-viajo. Zhangye Danxia, China.

En una de mis etapas de viajo-viajo-viajo. Zhangye Danxia, China.

Por eso, lo lamento, estimados lectores. Lamento que ustedes no hayan vuelto a leer nada en este blog, pero estuve inmersa en una etapa en que todo se convirtió en viajar-viajar-viajar hasta que, después de más de un año, me cansé. Hasta que ya no quería ni sacar una foto, ni tomar un tren, ni tener que perderme de nuevo en una ciudad. Y luego vino una etapa de Netflix-Netflix-Netflix. Bueno, esa todavía no ha terminado, lo admito. Hoy vi dos horas de Netflix. Mea culpa.

Hoi An, Vietnam. El lugar donde ahora veo Netfilx.

Hoi An, Vietnam. El lugar donde ahora veo Netfilx.

Sin embargo, siento que estoy ante una nueva etapa que podría ser totalmente diferente a todo lo que he experimentado hasta el momento en mi vida. La etapa del balance. Del equilibrio. La etapa en que el caballito puede seguirse balanceando, pero de una manera no necesariamente menos enérgica. Solo menos extrema.

Y es que cuando uno tiene trastorno bipolar y es apasionado…

Cuando uno tiene trastorno bipolar y es, sobre todo, apasionado (como me pasa a mí), es quizás más difícil encontrar el equilibrio que para el resto de la gente. Porque uno, por default, vive para encamotarse con todo. O más bien, vive porque se encamota con todo.

Es como un subibaja: o uno está tocando el cielo con las manos, o uno está tocando el suelo con los pies. Pero ponerse justo en el centro del subibaja y mantener el equilibrio, viene a ser algo tan pichudo como un acto de circo. Y no estoy hablando de cualquier circo, sino algo nivel Cirque du soleil.

Así que heme aquí: en medio del subibaja. Decidí parar de mochilear desde noviembre, pero en vez de regresarme a Costa Rica (como he hecho durante los últimos 7 años cada vez que me cansaba), alquilé una casa en Vietnam. Es decir, sigo viajando, pero no me muevo. Decidí parar de probar labios que hablen en alemán, rumano, malayo o hebreo, y besar unos que me amen. Decidí parar de agarrar trenes de 37 horas por China, pero en vez de estar viendo Netflix todo el tiempo, hoy decidí sentarme a escribir.

Esto es lo denominamos el "common nook". Es como una especie de ático que suelen tener las casas vietnamitas para poner un altar budista (el cual pueden ver en una mesita a mano derecha). Nosotros lo usamos para leer, relajarnos y balancearnos en la hamaca.

Esta es mi casa y esto es lo que denominamos el “common nook”. Es como una especie de ático que suelen tener las casas vietnamitas para poner un altar budista (el cual pueden ver en una mesita empotrada en la pared a mano derecha). Nosotros lo usamos para leer, relajarnos y balancearnos en la hamaca o en el subibaja del equilibrio. 🙂

Porque, aunque les parezca increíble viniendo de mí, viajar para mí ya no es suficiente. Porque puede haber también tanta felicidad en regar las plantas en la terraza y ver cómo las flores se abren cada mañana, que en escalar una pagoda en Myanmar. Porque puede haber también tanta felicidad en beberse una copa de vino mientras uno escribe bajo la luz de un farol, que en vagar por las calles de Hanoi. Y, ciertamente, puede haber mucha, mucha, pero mucha más felicidad en quedarse dormida escuchando el latido del corazón del hombre que uno ama, que en cogerse a un neozelandés random en una playa en Tailandia.

Esta es la vista desde la terraza de mi casa. Vivo junto a un río. Mis vecinos son pescadores y, en la madrugada, abren la puerta trasera de sus casas, saltan a sus barcas y se van a pescar. La flor que ven a la derecha se abre todos los días con el sol y se duerme en las noches. Como los pescadores.

Esta es la vista desde la terraza de mi casa. Vivo junto a un río. Mis vecinos son pescadores y, en la madrugada, abren la puerta trasera de sus casas, saltan a sus barcas y se van a pescar. La flor que ven a la derecha se abre todos los días con el sol y se duerme en las noches. Como los pescadores. Verla y regarla me hace feliz. Aunque antes para mí no había nada más aburrido que una planta. Hoi An, Vietnam.

Esta es mi oficina o mi "nook" como lo llamo yo. Cuando alquilamos la casa, la agente de bienes raíces dijo que esta era una "bodega". Y yo: "WTF? Este es mi espacio para escribir". Desde aquí trabajo online y escribí este post. Me hace feliz. :)

Esta es mi oficina o mi “nook” como lo llamo yo. Cuando alquilamos la casa, la agente de bienes raíces dijo que esta era una “bodega”. Y yo: “WTF? Qué bodega ni que ocho cuartos. ¡Ni picha! ¡Este es mi espacio para escribir!”. Desde aquí trabajo online y escribí este post. Me hace feliz. Hoi An, Vietnam.

Este es el hombre que me hace feliz. No es perfecto, mas se acerca a lo que yo simplemente soñé.  Zhangye Danxia, provincia de Gansu, China.

Este es el hombre que me hace feliz. No es perfecto, mas se acerca a lo que yo simplemente soñé. Zhangye Danxia, provincia de Gansu, China.

Y eso es lo que estoy descubriendo. Estoy descubriendo que yo no quiero ser solo una “mochilera”. Quiero ser también una esposa, una madre, una hija, una hermana, una tía, una prima, una amiga, una escritora, un ama de casa (jamás creí que diría esto, pero encuentro placer en ver mi casa limpia y aun así, me sigo reconociendo en el espejo). Quiero, en fin, ser todas esas mujeres que he dejado de ser por poner todo en el altar de mi diosa: la mochila.

Eso no significa que voy a dejar de viajar. Una vez que el travel bug te muerde, quedás infectado de por vida. Y soy feliz con ese destino que yo escogí. Soy feliz de saber que moriré viajando. Pero yo también quiero infectarme de otras muchas experiencias. Lo quiero todo, por la gran puta, y aunque sea tan difícil como mantener el equilibrio en un subibaja, en esas estoy.

Así como alguna vez dijera Simone de Beauvoir: “Soy terriblemente codiciosa. Lo quiero todo de la vida. Quiero ser mujer y quiero ser hombre, tener muchos amigos y tener soledad, trabajar mucho y escribir buenos libros, viajar y disfrutar, ser egoísta y ser generosa… Como ven, es difícil conseguir todo lo que quiero. Y luego, cuando no tengo éxito, enloquezco con ira”.

Así que bienvenidos, entonces, a una nueva etapa del caballito. Porque yo ya no tengo ira. Yo, por fin, estoy feliz.

Yo, en la terraza de mi casa. Yo, siendo feliz. :)

Yo, en la terraza de mi casa. Yo, siendo feliz. 🙂

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2 Comments

  1. Felicidades!! Uno de estos días me preguntaba que paso con ust Tengo un hijo que pronto cumplirá 18 y quiere quedarse viviendo sólo en Europa y yo tenía muchas dudas y miedos pero leerla a ust me hiso cambiar de opinión y hoy que estaba dudando otra vez ust vuelve a escribir coincidencia? no lo creo Gracias y disfruta mucho está nueva etapa se le ve radiante.

    • ¡Hola, María!
      Usted no tiene ni la menor idea de lo MUCHO que ha significado su comentario para mí. Me dio un impulso gigantesco para seguir escribiendo, porque me hace inmensamente feliz que mis palabras pueden ayudarle a alguien, aunque no tenga el placer de conocerla personalmente a usted o a su hijo. Le deseo a él toda la suerte del mundo porque con una mamá como usted ya tiene el 50% del camino ganado. Muchos saludos, y una vez más, infinitas gracias.

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