Cosas que te llamarán la atención si vas a Costa Rica

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¿Para qué te vas? Para que podás volver. Para que podás ver el lugar del que venís con nuevos ojos y colores extra… Regresar donde comenzaste no es lo mismo a nunca haberte ido.

-Un sombrero lleno de cielo. Terry Pratchett.

 

“Apuesto que ese charral no lo ve usted en ninguna otra parte”, menciona el taxista mientras pasamos frente a uno de esos charrales de toda la vida, que para mí, desde hace dos años exactos, ha dejado de ser, precisamente, de toda la vida.

Tiene razón: en realidad charrales como estos no los he visto en dos años de estar fuera del país. Así, frondosamente tropicales. Furiosamente verdes. Botánicamente extendidos. Dos años, de hecho, de ni siquiera utilizar la palabra “charral”.

Así ha sido ya desde hace casi una década, en que he pasado en Costa Rica de forma intermitente: cada vez que regreso, es como si abriera una gaveta que había dejado cerrada por mucho tiempo y comenzara a sacar cosas que están al puuuuuro fondo, de las que no me acordaba, pero que de repente vuelven a estar ahí y que me llaman profundamente la atención, como muy bien apunta este taxista que me lleva del aeropuerto a mi casa. Cosas que fueron normales, de “toda la vida”, pero que ahora ya no son tan normales y que son los detallitos que, para mí, hacen distintivo a cada país, incluyendo del que yo misma provengo.

Llego yo al cajero en el Juan Santamaría, saco plata y ¡mae! Me salen billetes con osos perezosos. Y es que ese es el patronus de Costa Rica: si fuéramos a Hogwarts, de nuestras varitas mágicas saldrían osos perezosos. ¡Qué tan chiva! :D

Llego yo al cajero en el Juan Santamaría, saco plata y ¡mae! ¡Me salen billetes con osos perezosos! Y es que ese es el patronus de Costa Rica: si fuéramos a Hogwarts, de nuestras varitas mágicas saldrían osos perezosos. ¡Qué tan chiva! 😀

Siempre que un extranjero viene a mi casa en Costa Rica, le pregunto lo mismo: “¿Qué detalles te parece que aquí son distintos y que te llaman la atención?”. He recibido, a lo largo de los años, muy variadas respuestas. “Noto que por la calle camina mucha gente vestida con ropa de enfermera”. “Me llama la atención que ustedes hacen fila para todo”. “Me sorprende cómo crecen plantas en los cables de electricidad”. Cosas, en fin, que para nosotros son tan normales que ni las notamos, pero para ellos son recordatorios constantes de que están en un lugar nuevo.

De igual manera, cuando yo viajo me encuentro a mí misma tomándole fotos a objetos random, como cucharas, tendidos eléctricos y escobas. Y, cuando he estado un tiempo fuera del país, me encuentro a mí misma sorprendida con lo que mi yo-de-antes-de- comenzar-a-viajar nunca se hubiera ni siquiera percatado.

Por lo tanto, he aquí algunas cosas que me llamaron la atención esta vez que estuve en Costa Rica. Como les digo, no esperen una oda al volcán Poás o a la frondosidad de Monteverde, que para eso está el ICT, sino detallitos de los que probablemente no se da uno cuenta hasta que regresa.

Porque para eso uno se va. Para poder regresar.

La Otra Essential Costa Rica

La naturaleza desbordante

No. No me refiero a esos datos de que Costa Rica (que es un huevito) tiene un 5% de la biodiversidad del planeta, o que el 25% del territorio nacional es área protegida, o que aquí se ostenta el curioso título de ser la capital mundial del colibrí. Como les dije, para esos datos ahí tienen al ICT.

Me refiero a cómo la naturaleza aquí se cuela por donde sea. Me da la impresión de que es como una adolescente voluptuosa a la que tratamos de vestir con un ridículo y diminuto corsé de cemento, pero que igual sigue creciendo de manera tan desbordante que, simplemente, temprano o más temprano, explota. Por cualquier rendija. Por cualquier grieta. Por cualquier resquicio.

Aquí, la vida pareciera surgir con una facilidad increíble. No enciende uno el aire acondicionado del carro un par de días y, para cuando se da cuenta, ¡pum!, tiene una arañita ahí viviendo, que tejió una tela entre la abertura de salida del aire. Sale uno a la calle y ¡pum!, lo caga un perico que pasó ahí en una bandada y diay, el mae no se aguantó hasta llegar al siguiente árbol. O lo que a mí más me llama la atención, tanto, que no dejo constantemente de caminar viendo para el suelo: las aceras.

“Mal mantenimiento de la muni”, me dicen mis amigos cuando se los comento. Pero a mí al chile que me parece insólito. Porque ahí, en esa grietita, basta que cayera un poquitillo de tierra en una fisura entre el pavimento y ¡pum!, el día de mañana ya hay un poquito de color verde, un color verde de las tonalidades más variadas, que pareciera como si aquí a la naturaleza le hubieran comprado una caja de lápices de colores pichudísima para que pintara por donde le diera la gana. Un verde, en fin, para recordarnos que debajo de donde caminamos sigue habiendo un planeta vivo.

Yo sé que a muchos les parecerá una güilada, pero a mí me fascina cuántas tonalidades de verde hay en una sola grieta. Es como si la naturaleza fuera una niña que rayara las paredes, aunque le digan que ahí no se debe.

Yo sé que a muchos les parecerá una estupidez, pero a mí me fascina cuántas tonalidades de verde hay en una sola grieta. Es como si la naturaleza fuera una niña que rayara las paredes, aunque le digan que ahí no se debe.

Las uñas acrílicas

“Ay, qué lindas que son las ticas…”. Y qué lindas que son las colombianas, y las filipinas, y las mozambiqueñas. Todos los países claman por igual tener a las mujeres más hermosas sobre la faz de la Tierra, mientras que tal parece que, al menos poéticamente, los maes han de ser bien feos por todos lados, porque nadie nunca los menciona. Difiero: a mí los hombres me encantan. wink

En todo caso, para mí la belleza es muy subjetiva y, la verdad, me abstengo de establecer un ranking. Pero lo que sí me atrevería a afirmar es que, hasta la fecha, no he visto país donde las mujeres se cuiden taaaaanto las uñas. Más que la capital del colibrí, capaz que aquí podría convertirse en la capital mundial de la uña acrílica.

El cuadrado de espuma en los buses

¿En cuántos países el chofer anda la plata en un cuadrado de espuma con ranuras? ¿Quién fue la mente brillante a quien se le ocurrió tan peculiar sistema, para no perder tiempo dando vueltos?

Yo no envidio los goces de Europa, ni la manera que en ella se dan los vueltos en muchos de sus buses. En Copenhaguen, por ejemplo, uno tiene que subirse con el pasaje EXACTO, ni una corona más, ni una corona menos, porque el chofer no te da vuelto. ¿Qué esperan, entonces, evolucionados daneses, para subirse a la era del cuadrado de espuma?

Mae, hasta la Periférica tiene algo que enseñarle a los países escandivanos. ¿Usted qué dijo, papá? wink

GENIOS.

GENIOS.

Los condominios

“¿A quién viene a visitar?” “¿Número de casa?” “¿Su nombre? “¿Número de cédula?” “¿Podría acercar su cédula a la cámara, por favor?” “¿Número de placa de su vehículo?” “¿Secuencia de ADN?”

¡Todo ese mambo jambo para entrar a visitar a mi hermano! La modalidad de vivir en condominio, la verdad, me parece una vara medieval: la gente vive en microciudades amuralladas, en las que de forma casi feudal uno tiene que reportarse con el vigía de la torre, para que el mae baje el puente levadizo, amarre el dragón al tubo con que riegan el jardín y pueda uno cruzar el foso.

¿Qué putas? ¿De verdad vivimos tan asustados unos de los otros? ¡Me ahuevás!

La Waze-dependencia

Cada vez más lejos y teñidos de sepia están quedando los días en que uno folclóricamente se perdía entre puntos de referencia como iglesias, pulperías e higuerones que hace rato ya no existen.

Ahora, en la brújula nacional el Waze llegó para quedarse, incluso para indicarle a uno el camino que se conoce desde que iba al kínder. Ya casi nadie maneja sin el chunche este: o sea, el carro puede no tener gasolina, puede no tener calcomanías de balazos, puede no tener ni chofer, pero el Waze NO puede faltar, aunque a veces le indique a uno rutas que no tienen el menor sentido (yo insisto que estos artefactos son un complot de las petroleras para que uno termine dando vueltas y gastando más gasolina).

La enorme ventaja es que, por primera vez en mi vida, he aprendido yo que efectivamente hay una Costa Rica digital que se entrecruza con la física, más allá de la leyenda urbana, en que las calles sí tienen número.

Waze

Waze: el faro que brilla con la intensidad de la pantalla del smartphone por los caminos de Costa Rica.

La carro-dependencia

Compatriotas, no los juzgo por preferir comprarse un carro para ir al brete en vez de todos los días agarrar tres buses, con horarios tan irregulares que es más fácil adivinar la venida de Jesucristo a saber cuándo putas va a venir el bus de marras. Yo también he pecado, mea culpa, y no soy quién para señalar, ni obligar a nadie a andar a pata, yo que algún día pienso incluso escribir un anecdotario “Las maravillas de andar en Periférica y otros cuentos”.

Pero estamos en un GRAVE, SERIO Y MONSTRUOSÍSIMO problema con las presas. Cuando estaba fuera de Costa Rica, recibía reportes del tránsito en el grupo de WhatsApp de la gente del brete y más o menos tenía una idea, pero fue hasta que vine aquí que me percaté de la dimensión cuando estaba justo a punto de quedarme sin gasolina tan solo haciendo fila en el peaje de Santa Ana. Realmente estoy impresionada con lo que ha crecido la flota vehicular en TAN SOLO DOS AÑOS. Es espeluznante, sobre todo porque la mayor parte de los carros están ocupados por gente que viaja ridículamente sola.

Mis respetos, por tanto, a la gente de Dame Ride, Chepecletas, Bus.Cr y a todas las personas que están haciendo algo más allá de quejarse para solucionar un problema tan brutal. Me quito el sombrero y me bajo del carro.

La birra con servilleta y la birra artesanal

En analogía con la política, el bipartidismo cervecero ha acabado. Ya no solo hay Pilsen o Imperial, sino que una infinidad (o sea es que hablamos de INFINIDAD prácticamente) de cervezas artesanales, de manera que estamos cerca de que cada tico tenga su propia birra.

Aparte, las cervezas se sirven con servilleta. Tal parece que no hay germen, bacteria, virus, microbio y/o bacilo que no sea absorbido por las microfibras de papel. Que alguien me explique el principio científico de esto, por favor.

 

En Costa Rica, las birras se sirven con servilleta. Tal parece que no hay germen, bacteria, virus, microbio y/o bacilo que no sea absorbido por las microfibras de papel. ¡Ese es el invencible poder de una servilleta criolla!

¡Ese es el invencible poder de una servilleta criolla!

La manera en que brilla el sol

Ha de ser porque estoy ahorita en pleno invierno alemán, pero aquí estas desdichadas almas germánicas viven iluminadas por un sol raquítico. Viven, en fin, inmersos en unas perpetuas seis de la tarde. En Costa Rica, en cambio, hay una tonalidad solar tan poderosa que nadie escapa a su cuota diaria de fotosíntesis. Ecuatorialmente, el problema es que la luz se termina, todos los días del año, a la misma hora.

Al mismo tiempo, en Costa Rica el clima puede cambiar así el mismo día. Trópico húmedo bipolar.

Al mismo tiempo, en Costa Rica el clima puede cambiar así el mismo día. Trópico húmedo bipolar.

El país de la gente que no sabe decir que no

“Ya, es que nos perdimos del grupo, pero seguro ahora más tarde volvemos”.

Y yo: “¿Cuál grupo?”

Porque digo, hasta ese momento habíamos sido solo nosotros dos esa noche en las fiestas de Zapote. O al menos así había sido, hasta que a mi amigo se le ocurrió inventarse un grupo imaginario que teníamos que salir apresuradamente a alcanzar, todo para escapar de un mae random, quien nos acorraló en uno de los callejones de las fiestas de Zapote para darnos la explicación (no solicitada) de un juego de azar en su chinamo.

Costa Rica está llena de pitufos que no saben decir que no. No sabemos cómo decirle NO a esa persona que es amiga nuestra en Facebook y a quien, un día, nos encontramos fuera del mundo virtual y nos invita a un café. Entonces decimos: “Sí, nos hablamos un día de estos”. Sí, pero no. No sabemos cómo decirle no al mae que nos pide dinero en la parada del bus. Entonces decimos: “No, muchacho, otro día con mucho gusto”. Sí, pero no. No sabemos, en fin, cómo decirle a un mae que nos acorrala en un chinamo de Zapote: “Sorry con muchos zorritos, pero su juego es una mierda y no nos interesa jugar”. Más bien, nos quedamos por unos irrecuperables 15 minutos de nuestras vidas, y hasta tenemos dos turnos gratis y la vara, todo porque no sabemos cómo decirle al mae que NO NO NO nos interesa lanzar bolas de jackses en casillas para ganarnos unos parlantes, no sabemos cómo escabullirnos sin tener que sufrir la áspera confrontación, no logramos vivir con el cargo de consciencia de que hicimos a alguien sentirse mal, no podemos quedar como los malos de la película porque diay, somos essential pura vida, hasta que por fin, mi amigo, para huir, recurre a la brillante frase salvadora: “Ya, es que nos perdimos del grupo, pero seguro ahora más tarde volvemos”.

Y así, incluso, prometemos que vamos a regresar de aquello que TANTO deseamos escapar. ¡PLOP!

Zapote: no importan por dónde ande, todos los diciembre, sino estoy ahí, sí que está en mi mente. #BarriosDelSurRepresenting

Zapote: no importa por dónde ande, todos los diciembres, si no estoy ahí, sí que está en mi mente. #BarriosDelSurRepresenting

La gente es pura vida

Hasta yo me sorprendo de utilizar esta afirmación tan de calcomanía de bumper, tan de demagogia de camiseta turística, tan de autobombo criollo y cursi, pero es cierto. En Costa Rica la gente es pura vida. O al menos, cuando llegué a mí casi me da un coma diabético de tanta dulzura.

Creo que es que hablamos demasiado. No nos limitamos a las transacciones cotidianas entre desconocidos, sino que terminamos siendo compitas. El mae que entrega la pizza termina volviéndose compita de uno, la señora que se sube en el ascensor termina siendo compita de uno, el viejito que está haciendo fila en el banco termina siendo compita de uno…

En realidad, nosotros no nos damos cuenta de esto, hasta que vamos a otro país y las frases directas sin aguadulce de la gente nos parecen casi pichazos directos al verolís, y entonces comenzamos a hacer burbujas de saliva en una esquina, extrañando el terruño y oliendo salsa Lizano cual adictivo pegamento.

Como cuando uno va caminando por Hamburgo, Alemania, pensando si subirse o no al avión y regresarse a Costa Rica y recibe una señal. ;)

Como cuando uno va caminando por Hamburgo, Alemania, pensando si subirse o no al avión para regresarse a Costa Rica y recibe una señal. 😉

Esos son, pues, algunos de los rasgos costarricenses que a mí me llamaron la atención y que dejé hace un mes atrás. Y son, como mencioné al inicio, para mí los que hacen que Costa Rica sea Costa Rica, más allá de la marimba, del güipipía o del chonete. Porque para mí, el país en que aterrizo no es el del brochure turístico en inglés, ni el de los libros de educación cívica. Es aquel en que vive la mayor cantidad de gente que quiero, que hablan con esa mezcla hispano-mutante entre el vos y el usted, que llevan los almuerzos en loncheras térmicas y acolchadas al brete, que comen arroz con macarrones y que, si no sonríen, sienten que se les ha perdido el alma.

Es ese pues, el país del que me fui, pero el único al que tengo certeza de que voy a regresar SIEMPRE.

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15 Comments

  1. Pero si te olvidaste de LO MÁS extraño y loco de la tierra tica y su gente!! En plena ciudad NO dan direcciones!! Nadie sabe nombres de calles ni números; jamás había ejercitado tanto mi sentido de ubicación geográfica, que cuando doy una dirección en San José a donde quiero ir y me dicen: “a 300 metros al norte de la iglesia”. WTF? Me presta una brújula?
    Igual, la gente divina siempre te ayuda a llegar a destino. Adore CR!!

  2. Sonreímos para no decir que no, ya que las frases directas, sin algodón de azúcar, es como si nos hicieran un baile cozaco en la mera ingle, que es casi, como lo dijiste: “parecen casi pichazos directos al verolís”. Y cuando la cosa se pone fututa -furris más moderno-, como no gustan los problemas, mejor salir con un ¡Va llorar!

  3. Lo de la gente pura vida podría ser una vara latina también, estoy en Paraguay y la gente es un amor. Cierto que no en todo latinoamérica la gente siempre es amable, pero aquí tampoco saben decir que no, es de esperar que se llegue tarde a cualquier compromiso y la gente se hace compita de uno de entrada.
    Otra cosa mae, Waze sirve para saber que tan fea está la presa, no es solo la ruta que uno ya se sabe de memoria, sino para ver que tan tarde se va llegar.
    Primera vez que salgo del país por tanto tiempo, a ver como me va cunado vuelva al CR en unos meses y qué cosillas noto…

  4. Jajajaja que texto tan hermoso. Dejando por aparte los puntos que querés mostrar, todo el artículo está tan bien escrito pero de una forma muy barrios del sur. Me encanta y me saca al menos una sonrisa agazapada

  5. denteo de la dulzura que no permite decir algo que ofenda, decimos “me regala”, cuando queremos iComprar cualquier cosa, lo cual se encuentra ampliamente extendido a lo largo y ancho de nuestra nación, pero una vez que cruzas la frontera de cualquier país hispanohablante, se te quedan viendo con cara de “qué se cree este que handa pidiendo regalado?” Y contestan con un seco “señora, aquí todo se vende, nada se regala!”

  6. Me gustó el artículo y me indentifique mucho con el ,pero siento innecesario el uso de Pachucadas pasadillas de tono , hay que diferencian y no cruzar la delgada línea entre el coloquialismo y la vulgaridad.

  7. La obsesión corporativa por llevar a los extranjeros al Brittany Coffee tour, a la Paz Waterfall Gardens y al Poas solo para que siempre esté nublado!

  8. Cuando fui a Dinamarca tomé el bus de las 11:30 y eran 24 coronas, pagué con 50 y me dieron 26, que extraño eso del vuelto. En Irlanda si me pasó que debía ser exacto el pasaje

  9. La servilleta de la Birra es para limpiarla cuando se toma a pico de botella. Es que a veces la chapa deja herrumbre o algo oscuro que queda en la servilleta al limpiarla.

  10. Y si vas a una casa de zona rural fijo termina uno tratando café en la cocina con tortillas recién hechas y un hijito de alguna mata para sembrar en la casa.

  11. Bueno, yo te voy a decir 1 cosa sobre la cajita de esponja de los ómnibus, conocí 1 sist. mejor q ese. Era usado por ‘los colectiveros’ en la ciudad de Bs. As. Argentina. Donde tenían junto ‘la boletera’ y ‘la maquinita’ de las monedas p/dar el vuelto. Eran tubos iguales juntos, c/ranuras diferentes p/cargar los diferentes tipos de monedas y q c/1 sólo toq en 1 palanquita q tenía cada tubo caía la moneda en la mano del conductor o chofer del ‘colectivo’, por q así era llamado el ómnibus en aqllos tiempos. Las ‘boleteras’ era p/dar ‘el boleto’ del pasaje o ticket. Claro q hoy esto ha cambiado mucho, tal vez en alguna región de aql país aún exista pero ha sido el mejor sistema q he visto, esto te lo garanto…! Si por 1 acaso te interesa intercambiar vivencias buscame en el Face por: Jenriqmail Uy, y dejá msj ¿tá?.

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