Cómo viajar y trabajar online: preguntas frecuentes (Parte II y final)

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-Señorita, ¿está usted bien que lleva tanto rato acá en el baño?

-¡Ah, sí, sí, sí! Usted tranqui. Es que estoy trabajando.

-…

(Mirada de ruso incrédulo que prefiere dar media vuelta y se va).

Pues sí, esa soy yo, sentada en un baño ruso en Siberia, a las 1:11 a.m., porque es JUSTAMENTE ESTE el único sitio de toda la casa de huéspedes en que estoy en que funciona el Wi-Fi (afortunadamente, este baño en Rusia no forma parte del infame conteo de los peores baños del mundo en que haya estado jamás. De hecho, los baños tradicionales rusos son como una cabañita con un minisauna, así que #TodoBien).

Baño Rusia nómada digital

Yo, breteando en un baño ruso a la 1:11 a.m. #GlamourNómadaDigital

Sin embargo, la situación de estar trabajando en un baño ruso no deja de ser un poco…este…peculiar. Algún día tendría que escribir un libro corto titulado En busca del Wi-Fi para compilar todas esas anécdotas bizarras en que me he encontrado tratando de conectarme a internet por trabajo mientras viajo.

Por ejemplo, esa vez en que me tocó trabajar en un baño ruso. O la vez en que, estando en un pueblo perdido en una zona tibetana de China, al puto gobierno chino le dio la gana quitar el internet en TODA LA REGIÓN y la ciudad más cercana con conexión se encontraba a 17 horas de camino (de feria, me dio gripe, así que tuve que quedarme una semana varada en el pueblo este de mierda sin poder avisar). O la vez en que me pasó lo mismo en Cachemira (ahí el internet va y viene, según como anden las relaciones India-Pakistán) y tuve que peregrinar por toooooooodo el pueblo hasta encontrar un lugar donde tuve solo pinches 10 minutos de internet. O la insólita ocasión en que estaba teniendo una reunión por Skype a 14 husos horarios de distancia acerca de cómo introducir el condón femenino al mercado costarricense, a las 5 de la mañana y a -4 grados centígrados, en las escaleras de un centro comercial abandonado cerca de la frontera entre China y Kirguistán porque solo ahí entraba el Wi-Fi.

Leh India

En Cachemira, una región donde los Himalayas y la relación India-Pakistán no dejan que fluya bien el internet. Leh, India.

Pero en fin, es que el Wi-Fi es como el aire para ser nómada digital (qué horror con este término, como dije en la parte 1 de esta entrega, pero #EsLoQueHay). Y hay que ir, entonces, donde haya Wi-Fi SÍ O SÍ O SÍ, más allá de cualquier compulsión posmoderna. O sea, que muy bonita tu frase de “En el bosque no hay Wi-Fi, pero te aseguro que ahí encontrarás una mejor conexión”, pero sorry con muchos zorritos: a los nómadas digitales no nos funciona.

En fin, como estas anécdotas irán para el libro, creo que mejor pasamos entonces de una a la continuación de esta entrada que se me está haciendo monstruosa: Cómo viajar y trabajar online: preguntas frecuentes. Para quienes visitan este blog por primera vez, denle clic aquí para leer la primera parte y entiendan de qué va la jugada. Para quienes han sido ya iniciados en las artes del nomadismo digital, síganme por acá y, de corazón, deseo que su Wi-Fi sea tan bueno como para leer este artículo sin necesidad de hacerlo en ningún baño ruso. :p

Viajar y trabajar online preguntas frecuentes

 

¿No se es menos productivo cuando se trabaja online, sin supervisión, y de feria se viaja?

Tal y como expresé en la parte 1 de esta entrega, yo insisto en que el teletrabajo es una opción que solo puede crear gente feliz. Y créanme: no hay nadie más productivo que alguien que trabaja feliz.

Admito que viajar y trabajar online requiere de muchísima disciplina. O más bien MUCHÍSIMA DISCIPLINA. Para mí ha sido un reto. O más bien UN RETO, porque generalmente cuando viajás estás rodeado de gente que se encuentra, justamente, de vacaciones. Por lo tanto, muchas veces, por ejemplo, cuando todo el mundo regresa al hostal después de un día pichudísimo y ya están comenzando a abrir las cervezas y la vara, uno como el más ñoño tiene que irse la esquina, ponerse contra la pared y sentarse a bretear.

En fin, que cuando ves la típica foto del nómada digital, que viene a ser más o menos esta, ustedes no saben la fuerza de voluntad que ha de tener esa persona para mantener el culo pegado a la silla y no irse a meter al mar:

Nómada digital

Sí. Esto es posible.

Sin embargo, al mismo tiempo, les garantizo que esa persona hará 5, 6 o 7 veces más esfuerzo para entregar un trabajo bien hecho. ¿Por qué? Porque SABE lo INMENSAMENTE FELIZ que lo hace el tener la oportunidad de poder trabajar desde la playa y hará TODO lo que esté a su alcance por conservar ese trabajo que le permite ser nómada digital.

Vean mi caso, por ejemplo, aunque voy a sonar chiquita-millennial-malcriada. El trabajo en que menos he durado fue en un call center, donde trabajaba 11 horas al día, encerrada en un cubículo y me contaban el tiempo hasta para ir al baño. Todas las mañanas, cuando me levantaba, me fijaba a ver qué me dolía para declararme enferma, incapacitarme y no ir al trabajo. Duré tres meses en el puesto. Cuando renuncié (para irme a Perú, por cierto) me fui enojadísima de la empresa y cada cliente al que le contestaba el teléfono, pobrecito, pero me valía mierda porque a mí me trataban como a una mierda. ¿Ustedes creen que, si yo hubiera podido contestar esas llamadas por Skype, desde la playa, como el mae de la foto, o desde cualquier lugar del mundo, hubiera renunciado y hubiera hecho un trabajo tan mediocre? Hello Kitty, ¡NO!

Cusco Viva el Peru

Yo, luego de que decidí renunciar a un trabajo en que tenía 10 minutos para ir al baño en tooodo el día. Cusco, Perú.

Por otra parte, el trabajo en que más he durado ha sido como nómada digital con Porter Novelli, una agencia de comunicación estratégica con oficinas en Costa Rica. Créanme: NO HAY NADA, ABSOLUTAMENTE NADA QUE YO NO HAGA POR ESTA GENTE. No solo termino el trabajo que podría hacer en 8 horas en solo 4 horas, sino que desde comencé nada más una vez me he dado de baja por enfermedad (cuando me quebré la nariz y eso porque me operaron), pero ya a los 3 días estaba con la compu desde la cama, que casi ni podía abrir los ojos de la hinchazón con todo y el yeso, pero ahí estaba, online. En fin, que mi “al pie del cañón” es “al pie de la laptop”: literalmente yo cuido este trabajo y a cada uno de mis clientes COMO A MI VIDA porque SON MI VIDA, los que realmente me dan buena parte de la base que me permite ser feliz.

Nariz quebrada

Yo, al día siguiente de que me reconstruyeran la nariz que me quebré en pedacitos. Con todo y todo, así me puse a trabajar. El único obstáculo que le vi al asunto fue que no me podía poner anteojos. :p

Es un pensamiento subdesarrollado nivel siglo XIX ese de que cuanto más controlés a un empleado y más horas trabaje, más productivo será. Y más me doy cuenta de eso desde que estoy en Europa y veo cómo acá en Alemania, por ejemplo, la gente tiene 7 semanas de vacaciones y en Costa Rica solo 12 días. O en Suecia, que los padres tienen 112 días de permiso de paternidad y en Costa Rica creo que eso ni existe. Y así puedo seguirles poniendo ejemplos. Es una mentalidad de rata de alcantarilla esa de creer que el tiempo es dinero. En realidad, si querés hacer dinero, hacé feliz a tu empleado para que valore su trabajo y no se quiera ir. Entonces, el trabajo de tu empleado será dinero, no su tiempo. Estamos en la revolución digital, no industrial. ESPABÍLENSE.

Por eso, lo digo y lo repito y lo seguiré repitiendo, probablemente, hasta mi lecho de muerte en el cual, de fijo, seguiré teniendo una laptop: no hay nadie más productivo que alguien que trabaja feliz. Y el trabajo online hace gente feliz. ¿Ven?

Nomada digital Copenhagen

El primer aniversario de trabajar a tiempo completo con mi principal cliente, Porter Novelli, lo cumplí en Copenhagen, Dinamarca.

¿Se siente uno solo cuando trabaja online?

Una de las experiencias más curiosas de mi vida fue el día en que entré, por primera vez, a la oficina de la agencia para la que trabajo en Costa Rica.

Y es que, hasta ese momento, por más de un año, yo conocía a mis compañeros de trabajo solo por la voz. Como todas nuestras reuniones habían sido por Skype y sin cámara (ahhh, la comodidad de trabajar en pijamas) yo tenía una idea de cómo se veían por las fotos de perfil, pero nada más. Entonces, cuando entré a la oficina, escuchaba las voces y era capaz de reconocerlas, pero no tenía caras a las cuales asignárselas. Me costó UN MUNDO logra asociar caras con nombres y voces; de hecho, me fui y todavía, hasta la fecha, se me hace un desmadre en la jupa.

Porter Novelli Departamento digital

¿Se acuerdan de una serie de televisión que se llamaba “Los ángeles de Charlie”? Por si no, en esa serie había un personaje que se llamaba Charlie y el mae NUNCA salía en cámaras, solo se le escuchaba la voz cuando hablaba por teléfono con sus “ángeles”, que eran tres detectives, entre ellas la finada Farrah Fawcett. Pues bueno, para la gente de la agencia CAC Porter Novelli yo era algo así como Charlie, porque siempre se escuchaba mi voz, pero nunca salía en cámaras. Sin embargo, aquí finalmente salgo con parte del equipo en un evento  de la agencia. Y hasta me puse tacones ese día. :p   San José, Costa Rica.

Y es que ese es uno de los lados oscuros de trabajar online: la cantidad impresionante de tiempo que se pasa solo, solo con voces en Skype o con las voces en tu cabeza. Al menos, para mí eso ha sido un toque difícil de sobrellevar, porque yo en todos mis trabajos siempre me he llevado súper bien con todo el mundo, de manera que, incluso, ha habido ciertos bretes en que yo he ido toda contenta a la oficina cada mañana porque sabía que, más que trabajar, me iba a ver con mis compas. :p

Eso lo echo de menos terriblemente: la complicidad laboral de oficina. Y las fiestas de cumpleaños, y las birras after office y los cafés a media tarde. En especial en épocas como estas, en que llevo 4 días seguidos de no salir del apartamento en que vivo sola en Berlín más que para ir al supermercado (ha estado haciendo un clima de mierda, un invierno que se resiste a irse). No se pueden tenerlas todas maduras.

Viajar y trabajar online 3

Con parte de mis compañeros de trabajo en una fiesta luego de la oficina. Ignoren el yeso que aún llevo en la nariz (jajaja de hecho fue con esta gente que me quebré la nariz, en el cumpleaños de mi jefe). #ElTeletrabajoPuedeSalvarTuVida San José, Costa Rica.

Pero en fin, yo ya he pasado incluso semanas sin hablarle a nadie. Al fin y al cabo, escribir es un acto tremendamente solitario.

Sin embargo indistintamente de a lo que yo me dedique, considero que, uno de las claves indispensables para ser feliz es aprender a sentirse bien estando solo. A mí esto me tomó más de 30 años entenderlo, pero es así: la felicidad, tu felicidad, no debe depender de los demás, sino de vos mismo. Al fin y al cabo (y este es un “al fin y al cabo” que aplica para Raymundo y todo el mundo) la única persona con la que definitivamente vas a pasar toooooda tu vida sos vos mismo. Vale la pena, entonces, aprender a ser feliz con ese hijueputa que te ve todas las mañanas desde el otro lado del espejo, ¿no?

Red cliffs Mongolia

El esencial arte de aprende a estar uno solo. Desierto de Gobi, Mongolia.

¿No es cansado viajar y trabajar a la vez?

Mi día: 5:40 a.m. Levantarse. Dos taxis. Un bus de 5 horas. Otro taxi. Una moto. Un tren de 6 horas. Otra moto. Para llegar a trabajar a las 11 p.m. Y son las 2:24 a.m. y ¡sigue la cumbia!

Ese fue mi post de Facebook del 17 de mayo de 2016, día en que crucé del norte de Vietnam al sur de China. Por lo tanto, mi respuesta a si es cansado viajar y trabajar a la vez es un rotundo: “¡Ahhhhhhh sí!” 🙂

De hecho, yo al inicio creí que no lo iba a aguantar, en especial cuando comencé a trabajar con esta agencia basada en Costa Rica y tenía 14 husos horarios de diferencia. Es decir, que yo empezaba a trabajar a las 11 de la noche y terminaba a las 5 o 6 de la mañana. La parte positiva es que vi muchos amaneceres en 2016. 🙂

Terraza Hoi An Vietnam

La terraza de la que fuera mi casa en Hoi An, Vietnam. Desde aquí vi varios amaneceres durante el 2016.

Obvio que es cansado. Pero voy a citar a Elizabeth Gilbert, la autora de Comer. Rezar. Amar porque, aunque yo haya odiado la película y no sea fan de sus libros, coincido con ella en muchos puntos. En especial, en el amor por viajar: “Aun así, a pesar de todo esto, viajar es el gran y verdadero amor de mi vida. Viajar vale cualquier costo o sacrificio. Soy leal y constante a mi amor por los viajes. Respecto a viajar, me siento de la forma en que una nueva madre feliz se siente hacia su imposible bebé recién nacido, inquieto y lleno de cólicos. Simplemente, no me importa a lo que me ponga a prueba. Simplemente no me importa”.

Y es eso, así no más: YO AMO VIAJAR Y AMO MI TRABAJO. Entonces me vale mierda agarrar un tren de 55 horas para cruzar media Rusia y llegar a las 11 p.m. a sentarme a trabajar, directo y sin escalas, hasta las 5 de la mañana. Me vale, porque yo no vivo esperando la hora de salida, ni el fin de semana, ni las vacaciones. Porque AMO lo que hago, ¿ven?

E, indistintamente de si desean comenzar a aventurarse en el mundo de viajar y trabajar por internet, o trabajar en una oficina en su ciudad natal, o dedicarse exclusivamente a criar a sus hijos, o estudiar arameo, o irse con un circo de trapecista, creo que este es el centro de esta serie de artículos: cualquier cosa que amés hacer, HACELA. El mundo no necesita únicamente de mochileros y de gente que aporree rítmicamente un teclado como lo hago yo. El mundo necesita de gente que ame lo que hace, haga lo que haga, esté donde esté.

Así que ahí se las dejo picando en la cancha. Y parafraseando una cita que supuestamente se le atribuye a Nelson Mandela, ojalá y cualquier decisión que tomés, refleje tus esperanzas y no tus miedos. 😉

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