Cómo viajar en el Transiberiano bueno, bonito y barato

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Cancel ticket. Y fue así como una noche, mientras escuchaba a una muchacha hablar por Skype sobre el Transiberiano, decidí cancelar el tiquete de avión a Alemania desde China que ya tenía comprado y le di clic a ese botón.

Nunca le vi la cara a esta chica, porque ella se encontraba en el camarote de arriba en el hostal en Lijiang, China, y yo en el de abajo, pero tendría que agradecerle el haberme empujado al vagón del Transiberiano con esa charla trasnochada que no me dejaba dormir (¡ah, la volatilidad de las emociones humanas: del planeamiento de homicidio al agradecimiento con solo un clic!).

Y es que legítimamente no tardé en darme cuenta de que las excusas por las que había decidido no hacer el Transiberiano anteriormente eran puros y descabellados MITOS:

-Que el Transiberiano es carísimo (y todo Rusia en general).

-Que la visa rusa es dificilísima de conseguir.

-Que para ir a Rusia es indispensable hablar algo de ruso.

Si bien es cierto que hay viajes de lujo en el Transiberiano, que la visa para Rusia puede ser un dolor para ciudadanos de ciertas nacionalidades (ah, las malévolas, absurdas e HIJUEPUTAS visas…) y que gasté alrededor de 200 rublos en productos que no eran leche porque me hubiera sido mucho más útil aprender que leche se dice moloko de una, todos mis excusas resultaron, como les digo, ser mitos ABSURDOS. Y es que los mitos y las excusas son, al fin y al cabo, de la misma milpa creo yo.

Por lo tanto, para que nadie se siga tropezando con estos mitos, he aquí la manera de hacer el Transiberiano de manera buena, bonita y barata.

A punto de subirme en el Transiberiano. Beijing, China.

A punto de subirme en el Transmongoliano. Beijing, China.

Nada más una aclaración: este post está basado en mi experiencia personal tomando primero el Transmongoliano (de China a Mongolia, y de ahí a Siberia), y luego el Transiberiano (de Siberia a Moscú, donde termina oficialmente, tal y como lo hubiera querido el zar).

Cuando digo “personal” es porque no me atrevo a dar recomendaciones de otras rutas que no he hecho en vista de que no quiero, como decimos en Costa Rica, “embarcar” a nadie. O más bien, para no emplear término tan náutico, digamos que no quiero subir a nadie en un tren equivocado dando información que saqué de internet y que no me consta. Además, esta es mi versión barata de hacerlo, por lo que si no desean viajar con 60 rusos en un vagón, comer el célebre puré instantáneo ruso o terminar abrazando a un taxista en los Urales después de perderse hardcore buscando un hostal, hay docenas de páginas que les pueden ayudar más que yo.

Pero ojalá y sigan leyendo, porque créanme que hacer el Transiberiano a lo local es una experiencia que vale la pena, en especial si sos un fanático de los trenes como yo (que no agarraría nunca más otro medio de transporte si el mundo entero estuviera conectado por trenes).

Habiendo, pues, demarcado el camino con estos rieles de aclaraciones, súbanse al primer vagón de información:

Caminar por la línea del tren a mí me parece mu simbólico, pero es mejor subirse al tren. Lago Baikal, Siberia.

Caminar por la línea del tren a mí me parece muy simbólico, pero es mejor subirse al tren. Lago Baikal, Siberia.

¿Qué putas es el Transiberiano?

El Transiberiano es un nombre genérico que se usa para describir una serie de ramales de una misma red ferroviaria. No es un solo tren turístico (que es otro mito), sino tres rutas principales que se interconectan en puntos clave:

  • El Transiberiano clásico: sale de Moscú y llega hasta la ciudad rusa de Vladivostok en el lejano oriente, cerca del océano Pacífico, con 9288 kilómetros de recorrido que se pueden hacer de un tirón, pasando como 7 días con sus noches incubando un asiento.
  • El Transmanchuriano: sigue la misma ruta del Transiberiano por alrededor de 6000 kilómetros y se separa para cruzar la zona de Manchuria y llegar hasta Beijing.
  • El Transmongoliano: que sigue la misma ruta del Transiberiano y se separa para cruzar por Mongolia hasta llegar a Beijing pasando por el desierto de Gobi.

Por lo tanto, uno puede hacer docenas de combinaciones de rutas, según el gusto de cada quién. En lo personal, yo, tiquete hacia Alemania cancelado y Doctor Zhivago en mano, escogí la siguiente:

Beijing (China)-Ulaanbaatar (Mongolia)-Irkutsk (Siberia)-Yekaterinburgo (Urales)-Moscú-San Petersburgo (que no es parte oficial del Transiberiano, por lo que lo consideraremos un bonus extra).

Transmongoliano ya en la verdemente monótona Mongolia.

Transmongoliano ya en la monótonamente verde Mongolia. No me cabe la menor duda de que Mongolia ha de tener las reservas de clorofila más grandes del mundo.

¿Cuánto cuesta el tiquete?

¡Chan chan chaaaaaan! Esta es, ciertamente, la pregunta del millón. Sin embargo, no la voy a llamar así porque no, un tiquete en el Transiberiano no cuesta un millón.

Para que se den una idea, el tiquete clásico (el de Moscú a Vladivostok) puede salir desde $135.

No obstante, el chiste, al menos en mi caso, era realizar algunas paradas, por lo que este fue mi presupuesto:

Tiquete Beijing-Ulaanbaatar: $300… o $25

Antes de que tomen nota de esta estratosférica cifra, he de hacer una aclaración: por cuestiones de visa y de trabajo decidí tomar el tren directo y más caro que sale solo una vez por semana (los miércoles) desde Beijing rumbo a la capital mongola. NO es mi estilo, pero se me acababa la visa en China y tenía que salir sí o sí un día entre semana, y yo entre semana breteo como todos los mortales, por lo que me urgía llegar a Mongolia lo antes posible. O sea, por la nuca, pero preferí eso antes que perder mi trabajo o lo que es peor: terminar en una de las terroríficamente enigmáticas cárceles chinas por haberme quedado un pinche día extra dentro de sus fronteras, las cuales cuidan mucho aparentemente, no en vano fueron estos maes los que construyeron nada más y nada menos que la gran muralla.

Sin embargo, hay una manera muchísimo más barata de hacerlo y me consta, porque la estudié desde todos los ángulos posibles y he conocido gente personalmente que la ha llevado a cabo. Es posible tomar un tren chino desde Beijing a una ciudad que se llama Erlian y que es el cruce de la frontera con Mongolia. Este tren cuesta $9. Una vez en Erlian, tiene uno que cruzar la frontera hacia Mongolia en un carro (por alguna estúpida razón, como suelen ser de estúpidas las fronteras, no lo dejan a uno cruzar caminando) que cobra $5 por un trayecto ridículo. Luego, puede uno tomar un tren hacia Ulaanbaatar por $10. Así que taraaaaaán: ahí tienen el pasaje de China a Mongolia por $25. wink

En la estación de tren de Ulaanbaatar (sí, eso dice en cirílico ahí arriba).

En la estación de tren de Ulaanbaatar (sí, eso dice en cirílico ahí arriba).

Tiquete Ulaanbaatar-Irkustk: $135

Una vez más, por cuestiones de trabajo yo tomé este tren con una agencia de viajes.

Tengo plena certeza de que debe de haber una manera más barata de hacerlo, probablemente comprando un tiquete directamente en la estación de Ulaanbaatar, pero no me consta porque no lo hice personalmente y no cuento con fuentes confiables que atestigüen al respecto. Por lo tanto, se las quedo debiendo.

Tiquete Irkustk-Yekaterinburgo: $48

Tiquete Yekaterinburgo-Moscú: $28

Tiquete Moscú-San Petersburgo: $14

De este modo, como podrán notar, es posible hacer el mismo recorrido que yo, desde Beijing, China, hasta San Petersburgo, Rusia desde $250 (si no tienen que bretear y verse forzados a viajar los fines de semana, claro está).

¿Cómo comprar los tiquetes?

Si son observadores, podrán notar algo: cuanto más se adentra uno en Rusia, más barato se vuelve. ¿Por qué? No, no es porque la fuerza del proletariado reduzca los costos conforme uno se acerca a la antigua Leningrado, sino porque hay un truco: comprar los tiquetes por medio del sitio oficial de trenes rusos, tal y como viajan los camaradas.

También cuenta la leyenda que si uno va directamente a la estación de tren los boletos salen aun más baratos, pero a mí no me consta porque una vez más, por razones de trabajo, yo debía tener todos mis trenes fríamente calculados y no podía arriesgarme a llegar a la estación para tratar de explicar en mi ruso conformado por solo 2 palabras de vocabulario que tenía que agarrar un tren ese día SÍ o SÍ o SÍ (o más bien, DA o DA o DA) si de mala suerte no había ya campo.

En cuanto al tren entre Mongolia y Rusia, yo utilicé los servicios de Real Russia, una agencia online. No me consta que sea la más barata, pero sí puedo dar fe de que son SÚPER profesionales: responden rapidísimo y con instrucciones tan precisas que se podría escribir un minilibro titulado Cómo y dónde recoger los boletos del Transiberiano para dummies.

En la Plaza Roja, en Moscú, última para oficial del Transiber... ¡Ah, no, suave! Todavía no llegamos ahí. Faltan como 127 horas de tren. :p

En la Plaza Roja, en Moscú, última parada oficial del Transiber… ¡Ah, no, suave! Todavía no llegamos ahí. Faltan como 127 horas de tren. :p

Para ir hacia Mongolia desde China yo utilicé la misma agencia, peeeero como vimos anteriormente hay una versión ultraeconómica. Para ello, visiten primero este sitio web, apúntense el número de tren, el horario de salida y el precio en yuanes y vayan a la estación en Beijing con cada célula llena de paciencia para hacer fila donde venden los tiquetes. Una vez en la ventanilla, luego de haberse peleado con al menos dos orientales que hayan intentado saltarse la fila, muéstrenle el papelito al chino de turno, paguen y ¡vámonos!

IMPORTANTÍSIMO: todos los tiquetes en Rusia, así como los relojes en las estaciones, tienen horario de Moscú, no local. En un sistema ferroviario que cruza ocho husos horarios esto tiene sentido. Así que mucho ojo con no hacerse bolas y perderse en el tiempo.

Los tiquetes que se compran en los sitios online, tanto en las agencias como en la página oficial de trenes rusos, muchas veces deben canjearse en la estación. Para asegurarse, es mejor llegar temprano y preguntar en la ventanilla.

Para que te salgan los tiquetes más baratos, comprá los trenes que salen en la madrugada o llegan muy temprano en la mañana, o los trenes lentos, que te permiten disfrutar mejor el paisaje.

Casa típica siberiana. #YoTambiénFuiEsposaDeUnMilitarRusoRebeldeEnUnaVidaPasada. Irkutsk, Rusia.

Casa típica siberiana. #YoTambiénFuiEsposaDeUnMilitarRusoExiliadoEnUnaVidaPasada. Irkutsk, Rusia.

¿Qué tipo de boleto comprar?

Como mochilera, para mí solo hay una respuesta según cada país:

Rusia: tercera clase o platzkart. Es un vagón sin compartimentos donde viaja uno con alrededor de 60 rusos en intensa convivencia. Hay camarotes bastante cómodos, con una colchoneta, almohada, una toalla y ropa de cama. En los extremos del vagón hay dos baños que siempre tienen papel higiénico (ustedes no saben la emoción que se siente ver papel higiénico luego de viajar en trenes por 7 meses en China… digamos que yo casi me tomo un selfie con el rollo). Ojo: por baño no me refiero a un sitio para bañarse. No hay duchas, por lo que un paquete de toallas húmedas viene muy bien. También hay una o dos mujeres  encargadas del orden y limpieza del vagón, así como de supervisar que nadie se robe las sábanas. Hay cargadores, pero muy poquitos, por lo que es buena idea llevar uno portátil. Y, como no puede faltar en toda escena que se precie de ser rusa, hay un samovar, que es como una caldera gigante para agarrar agua caliente gratis y hacerse un té o el célebre puré instantáneo ruso (hablaremos de esto más adelante en el apartado de qué comer). Es, en fin, la tercera clase la auténtica clase del proletariado, cómoda, limpia y segura. Tal y como Lenin lo hubiera querido.

Vagón de tercera clase o platzkart. ¡Viví la experiencia proletaria! :)

Vagón de tercera clase o platzkart. ¡Viví la experiencia proletaria! 🙂

Mongolia: segunda clase. La fórmula es similar a la rusa descrita arriba, excepto que uno sí tiene un compartimento en que convive por alrededor de 26 horas con 3 personas más en camarotes. Una vez más, es posible que haya clases más baratas, pero no me consta.

China: como yo pagué un precio oneroso, pues la verdad sí me tocó un compartimento muy pichudo en segunda clase (y tuve la suerte de que fuera para mí solita). Sin embargo, la versión buena, bonita y barata china es el hard sleeper, que viene a ser lo mismo que la tercera clase rusa… excepto que los asientos son de color azul y, como ya sabemos, no hay papel higiénico. En fin, el mismo pedo pero con distinto olor.

¿Qué comer?

Como yo considero que uno de mis pilares para viajar por largos periodos de tiempo con poco dinero es comprar comida en el supermercado, pues hacia allá los voy a enrumbar a ustedes.

Mi menú se componía de enlatados, pan, agua, café, cereal y el célebre puré instantáneo ruso, que son alrededor de 135 gramos de una masa sospechosa y, sin lugar a dudas, cuestionablemente nutritiva, pero que está lista en 3 minutos luego de echarle agua caliente proveniente del insigne samovar. Como ven, es un menú conformado por comida que NO se pone mala, porque son viajes muuuuy largos.

Alguien (no yo lamentablemente, porque saqué esta foto de internet) tuvo la visionaria idea de sacarle una foto al puré ruso en plena acción ferroviaria. ¡Salve!

Alguien (no yo lamentablemente, porque saqué esta foto de internet) tuvo la visionaria idea de tomarle una foto al puré ruso en plena acción ferroviaria. ¡Salve!

También en las paradas obviamente hay vendedores de todo tipo, que se agolpan frente al tren. Hay paradas que duran hasta una hora, por lo que da chance de abastecerse incluso con el típico pescado ahumado ruso. Otra opción es el vagón-comedor y las mujeres que pasan vendiendo snacks con el carrito cada dos o tres horas.

Visas

Yo ODIO las visas. Me hubiera gustado muchísimo estudiar derecho internacional y demandar a todos los países que las tienen y luego, con el dinero que me gane de la demanda, acabar con el hambre en el mundo. Pero bueno…

Por suerte, las visas en este tramo son menos complicadas de lo que uno se imagina.

China: a menos que uno provenga de Estados Unidos o uno de esos países que Xi Jinping tanto ama, está uno salvado. La visa por un mes cuesta $30 y se puede sacar prácticamente en cualquier consulado, aunque no esté uno en su país de origen. Tardan como 4 días en promedio y el papeleo es bastante sencillo en términos generales: foto tamaño pasaporte, fotocopia del pasaporte, formulario lleno, itinerario con reservaciones de hoteles (si no estás seguro de tu itinerario, inventate uno, hacé las reservaciones por medio de Booking.com y luego cancelalas SIN ningún costo), prueba de boletos aéreos de ida y vuelta (no me gusta incitarlos a hacer trampa, pero las visas son tan ridículas que no me importa: háganse unos tiquetes falsos con Photoshop… o es más, con Paint. Nunca revisan). Igual: lo que sí deben revisar antes son los requisitos en cada embajada para estar seguros al 100%.

Mongolia: hay ciertas nacionalidades que no requieren visa para ir a Mongolia. Para todos las demás, existe MasterCard y la embajada para hacer el mambo jambo burocrático: foto tamaño pasaporte, fotocopia del pasaporte, formulario lleno y pagar la desvergonzada cifra de $100 por quedarse 30 días (al menos eso me costó a mí en el consulado mongol ubicado en Shanghai). De rebote, a mí el empleado que me atendió, muy sonriente y muy corrupto, me aceptó la módica suma de $50 para tramitarla express y que se tardara 4 días. Si no, aparentemente lo normal son 10 días… En fin, una vez más corroboren con la embajada para estar 100% seguros.

Mongolia: ejemplo claro de una visa carísima, pero que vale cada centavo pagado.

Mongolia: ejemplo claro de una visa carísima, pero que vale cada centavo pagado.

Rusia: a menos de que uno provenga de Estados Unidos, los estados Schengen o uno de esos países que Putin tanto adora, el trámite debería ser en principio bastante sencillo, o hasta podrías evitártelo del todo porque hay países latinoamericanos que no requieren visa. Para los que sí, hay que presentar una carta de invitación que la puede conseguir uno en este sitio web. Ellos te la mandan por email, vos la imprimís y listo. Además, hay que llenar un formulario, dar una foto tamaño pasaporte, pagar como $40 y es así como se puede quedar uno en Rusia por 30 días. Es importantísimo que en el formulario pongás las fechas de entrada y de salida exactas (que lo diga un alemán que conocí en la embajada rusa en Ulaanbaatar y que lo regresaron de la frontera por tener las fechas equivocadas…). Sin embargo, los rusos son como Big Brother: con ellos, las reglas cambian. Así que averiguate en la embajada en la que vas a aplicar.

¿Dónde parar?

Pues aquí depende de si querés detenerte en Mongolia para rebotar en una van de los tiempos soviéticos por el país menos densamente poblado del mundo, de si te llama la atención poner los pies en el continente asiático y el continente europeo al mismo tiempo, o de si te interesa encontrarte con un reno en el parqueo del supermercado. Hay incontables paradas en el Transiberiano, cada una de ellas con experiencias distintas. Yo me decanté por las siguientes:

En un muro que no necesita presentación. Mutianyu, China.

En un muro que no necesita presentación. Mutianyu, China.

  • Beijing: la capital china, si bien es cierto que no es lo más hermoso que tiene para ofrecer el país, es indispensable si se considera uno viajero. Mínimo hay que ir a pararse en la muralla y asombrarse del poder constructor de los chinos desde épocas milenarias, ver la probablemente apolillada momia de Mao y entrar en la Ciudad Prohibida con otros 12 mil turistas al mismo tiempo (como vemos, eso de “prohibida” tal parece que se quedó perdido en la revolución cultural).
  • Ulaanbaatar: la peculiar capital mongola es como un sueño. No por hermosa, sino porque es como cuando en un sueño uno ve juntas varias cosas que no calzarían jamás en la vida real: edificios de la época comunista, tres restaurantes coreanos seguidos, una tienda de campaña mongola, rascacielos a medio terminar, un monumento a los Beatles… En fin, es el lugar más random que haya visto jamás. Por favor, no se la pierdan.
  • Irkuskt: la ciudad siberiana por antonomasia de los exiliados por el zar, Stalin y todo aquel que osara desafiar el status quo ruso. Aparte, queda cerca del lago Baikal, la reserva de agua potable más grande del planeta (una quinta parte del agua dulce está ahí… ideal para comprarse un terrenito antes de que se vengan las guerras futuristas por el agua).
  • Yekaterinburgo: mi majadería de estar en una de las tantas fronteras imaginarias entre Europa y Asia me arrastró hasta esta ciudad de los Urales. Aparte, cuenta con un peculiar cementerio de mafiosos rusos, con el lugar donde asesinaron al último zar y a toda su familia, y con un teclado de computadora gigante. ¿O creyeron que era broma? Helo aquí:
Yo escribiendo mi vida literalmente en un teclado gigante. Yekaterinburgo, Rusia.

Yo escribiendo mi vida literalmente en un teclado gigante. Yekaterinburgo, Rusia.

  • Moscú: mae, ¿cómo no va a ir uno a Moscú? ¡Nos sobran los motivos! Aquí yo pasé una semana y se me hizo corta, hundiéndome en bunkers soviéticos, visitando las casas de Chejov, Tolstoi y Gogol, contemplando la catedral de San Basilio (junto al Taj Mahal, el edificio más hermoso que haya visto yo en mi vida) y jugando con maquinitas de la época soviética.
  • San Petersburgo: la ciudad que muchos esgrimen como la más bonita de Rusia, con sus canales, sus palacios zaristas incoherentemente gigantescos (uno puede caminar dentro de uno de ellos dos horas y media sin parar) y el Scrabble con el que jugaba Nabokov.

¿Хэл, 语言, язык o cómo putas hace uno con el idioma?

Ante esta pregunta, mi respuesta rotunda y contundente es que se hagan un favor y bájense Google Translator offline, especialmente para sobrevivir Rusia y China, donde el inglés fue visto durante muchos años como el idioma de los orcos.

No obstante, si desean ignorar tan sabio consejo, permítanme decirles que la ausencia de tan útil herramienta tecnológica podría llevarlos a coleccionar inolvidables anécdotas tituladas Cómo puede uno pasar hora y media buscando un desodorante en pleno centro de Moscú, o  De cómo me quedé afuera de mi hotel, descalza y con un zapato gigante número 49 en la mano en medio de una ciudad en el sur de China… Larga historia.

Utilísima pizarra con información de los trenes en China. (De la serie "El Analfabetismo").

Utilísima pizarra con información de los trenes en China. (De la serie “El Analfabetismo”).

¿Qué hacer durante las horas de viaje?

Una vez más, cuestión de cada quien. De mi parte, ñoñamente yo siempre me imaginé en el Transiberiano tomando vodka, escuchando música de Tchaikovsky y leyendo literatura rusa. De tal modo que heme ahí, escuchando la Marcha Eslava para hacer mi entrada triunfal a Moscú y leyendo cómo Iván Karamazov discute con el diablo una noche antes del juicio de su hermano Dimitri.

Ahora, yo es que también la verdad me vuelvo bastante antisocial y me entrego a un estado introspectivo en los trenes, que para mí son algo así como una cápsula locomotiva en la  cual sopesar vida y milagros de mi existencia y bajarme con algunas epifanías.

Por lo tanto, tampoco le aconsejaría a mucha gente entretenerse con únicamente mirar por la ventana; solo se lo recomiendo a todos aquellos que, como yo, se decantan por el ride contemplativo y no dicen de manera sarcástica “¡Yujuuuuuuu! ¡55 horas en tren!”, porque en realidad el paisaje en el Transiberiano puede volverse bastante monótono… O sea, hay un límite en cuánta estepa puede apreciarse luego de 10 horas.

Viendo por la ventana. Hora 29. De Siberia a los Urales.

Viendo por la ventana. Hora 29. De Siberia a los Urales.

Para espíritus más sociables, el chiste en el Transiberiano, más bien, es convivir con los rusos, con los chinos y con los mongoles, jugando cartas, tomando té o asombrándose con las mil y una formas que hay de vivir una misma vida humana. Tampoco suena mal, ¿cierto? 😉

¿Son simpáticos los rusos?

Incluyo esta pregunta porque se ha vuelto bastaaaaaaaante frecuente, no sé muy bien por qué. Teorizo que ha de ser porque uno de los efectos colaterales de la guerra fría ha sido considerar a los rusos como los malos de todas las películas, desde Iván el Terrible hasta la coronela Ninotchka en Glow, las hermosas damas de la lucha libre.

En realidad, aunque las generalizaciones son odiosas, yo sí creo que obviamente la sociedad en la que nacés influye mucho en tu manera de actuar. Me acuerdo mucho cuando comencé a estudiar sociología: esa sensación de claustrofobia de ver cómo el grupo humano que te rodea te moldea más de lo que uno mismo está dispuesto a admitir en su orgullo individual.

Con base en eso, sí considero que los rusos no son necesariamente el alma de la fiesta, ni tienen por qué serlo. Es un país que ha pasado por mucho: guerras, revoluciones, estalinismo e inviernos que cada año hacen parecer a la glaciación como un fenómeno contemporáneo.

Rusos tomando clases colectivas de baile en pleno verano. #LosRusosQueNoTeníasEnMente. Parque Gorki, Moscú.

Rusos tomando clases colectivas de salsa en pleno verano. #LosRusosQueNoTeníasEnMente. Parque Gorki, Moscú.

Dicho esto, el ruso es algo así como el compañerito de la escuela que viste súper retro, que se sienta en un rincón apartado en los recreos y del que las maestras murmuran que tiene problemas en casa, pero al que nadie le hace bullying porque saben que no solo les devolvería un pichazo atómico de ser necesario, sino que es tremendamente inteligente. Lo bueno es que, si uno se acerca a ese compañerito de la escuela, aunque sea un poquito, se da cuenta de que en realidad hay detrás de ese intimidante niño una persona totalmente dispuesta a ayudarte, incluso de maneras tan increíbles como llevarte en su carro hasta tu hotel si te has perdido, regalarte una postal cuando te vas, o simplemente sonreírte ante tu inocente intento de hablar su idioma murmurando un ridículo “spasiva”. Son, en fin, los rusos realmente como ese compañerito raro de la escuela del cual, años más tarde, cuando un día un periodista llegue a entrevistarte porque se ganó un premio Nobel y el mundo quiere saber más sobre su infancia, te acordarás y terminarás diciendo, con una sonrisa de genuino cariño en tu rostro: “Siempre supe que estaba destinado a realizar grandes cosas”.

¿Es peligroso el Transiberiano?

Mi cara cuando me preguntan si el Transiberiano es peligroso:   duh O cuando me preguntan si viajar es peligroso:  duh duh duh  “¡Pues nooooo! ¡No lo es!”, diría Adal Ramones y lo digo yo. Es tan seguro que le da a uno esperanzas de confiar en el mundo si tomamos en cuenta que, prácticamente, el Transiberiano equivale casi a recorrer la cuarta parte de la circunferencia del planeta de un solo tirón.

Así que ya lo saben: no es taaaan caro, no es taaaaan inaccesible y no es taaaaan utópico. Y si no se convencen leyendo esto, grábense estas palabras para escucharlas antes de dormir y quién sabe: quizás resulte ser una sacudida al subconsciente (como me pasó a mí en ese hostal en China) para que por fin te montés en el tren de tus sueños en la vida real.

En el lago Baikal, con el Transiberiano al fondo. Siberia, Rusia.

En el lago Baikal, con el Transiberiano al fondo. Siberia, Rusia.

 

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15 Comments

  1. Me encantó tu relato, definitivamente es un recorrido que agregaré a mi lista de “Lugares por conocer”. ¡Y gracias por darnos a conocer de una manera tan bonita como son los rusos! 😉

  2. Muy muy muy bueno!! Espero pronto poder ir por esos lados y al fin hacer le Transiberiano. Han de haber muy buenas historias de ese viaje.

  3. Woooow, me encantó este blog, simplemente es demasiado bien y contenta que tu, una tica haga este tipo de cosas, usualmente uno lee este tipo de travesías de alguien que no es de la patria y siempre está ese gusanillo, en fin, me encantó y muchas gracias por esto, definitivamente seguiré estos tips cuando salga a viajar. Saludos

  4. Muy buen relato, corto y ameno. Yo tuve la suerte de vivir en Moscú 5 años en la época soviética y viajé mucho en tren, es probable que ahora tengan mejores condiciones en sus trenes, entonces no había papel higiénico en los baños, menos en platzkart, pero uno igual disfrutaba el viaje, puede que la juventud fuera el factor más importante. Tu descripción del ruso me pareció interesante y con tan poco tiempo para la convivencia, logras describir un poco una de las facetas que más admiro de ellos: la mezcla de hospitalidad-solidaridad-inteligencia social que poseen en general, no conozco otra nacionalidad que sea igual, te hacen sentir bienvenido si logras abrirte lo suficiente. Felicidades por el viaje, siempre lo llevarás contigo.

  5. Gracias porque siempre he querido recorrer el Transiberiano pero tenía un poco de miedo como dices, de esos que uno usa como excusas! Espero hacer un recorrido parecido al tuyo o quizás me anime y llegué a vladivostok!

  6. Hola! El articulo me parecio super util, y la experiencia demasiado interesante! Vos cuanto tiempo invertiste en el recorrido? Estoy comenzando a planear una mochileada de 6 meses, y ya me dejaste con el clavo de probar esos rumbos 🙂

  7. Los precios que están de referencia son el dolares?? Estoy investigando como hacer la ruta más barata y tu página esta muy buena, pero no puedo descifrar en que moneda están los precios jajaja, saludos desde Argentina!

    • ¡Hola, Claudia! Perdón por la tardanza en responder. Los precios están en dólares estadounidenses. ¡Suerte y cualquier duda por acá andamos! 😉

  8. Hola!! Muchas gracias por esta entrada tan detallada! Es de gran ayuda 🙂 una duda, dices que por motivos laborales usaste agencia para coertos tramites, podrias recomendar la agencia que utilizaste y en tal caso compartir el nombre? Muchas gracias

    • ¡Muchísimas gracias por el comentario y por pasarse a hacer la visita digital en mi blog! ¡Un abrazote, tocaya Andrea! 🙂

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