Qué difícil es querer a un soldado israelí

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  A él Me peina suave, tan suave, tan suavemente que podría seguir escribiendo suave por todos estos párrafos  y, ni aun así, podría describir lo suave que lo hacía. Como si de verdad el cabello pudiera dolerme. Me parece increíble que con esa mano tan grande pueda hacer algo tan delicado. Y, mientras lo hace, me parece increíble que, con esa misma mano, con la que con tanta suavidad él más bien me acaricia el cabello con un simple peine, pueda también disparar un fusil. Una Lee más [...]

El síndrome del eterno viajero

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“El síndrome del eterno viajero es la sensación de no estar a gusto en ningún sitio porque necesitás estar en otros.  Es la ansiedad que sentís al pensar que nunca serás feliz en un solo lugar”. Ese es el diagnóstico. Entre la bipolaridad y otras locuras, por supuesto, como mi fobia a la gente con cabeza de animal o con una cabeza que, definitivamente, no es la que les corresponde. Claro: tenía que ser una enfermedad. Una alteración. Y una alteración es algo que no es normal. Lee más [...]

Un país que sólo existe en mi mente

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Cuando ya llevás un rato viajando, te das cuenta del crónico deja-vú que, inevitablemente, te ataca cada vez que iniciás todas y cada una de tus conversaciones. El eterno retorno a las mismas respuestas. El curriculum vitae básico para descubrir cómo, por qué y por cuánto tiempo tu destino, y el de otros personajes, se han cruzado en la misma página. Y es que como si de un contrato tácito y secreto se tratara, en el mundo mochilero existe un cuestionario de rigor al que uno será sometido Lee más [...]

Nunca me quedo porque nunca nadie dice: “Quedate”

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Cuenta la leyenda que hace unos años, un grupo de amigas solteronas y yo (la más solterona de todas probablemente), nos reunimos un 14 de febrero para ir a un bar a tomarnos unas birras de despecho. Correcto: no nos juzguen. El que no se haya emborrachado al ritmo de Franco de Vita, de Alejandro Sanz o, en el peor de los casos, de Paquita la del Barrio, que tire la primera piedra. O bueno, con lo que narro a continuación, tal vez sí puedan juzgarnos un poquito: y es que aparte del maquillaje Lee más [...]

A mis 33 años, a mí nadie me quita lo bailado

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Cada vez que se acerca mi cumpleaños, que coincide con las etílicamente célebres fiestas de Palmares, con la económicamente deprimente cuesta de enero y cada cuatro años, como este, con alguna campaña electoral vergonzosa y bisiesta, me siento a meditar sobre el curioso y profundo fenómeno del tiempo. ¡Pufffff! Vaya ahuevazón... Diay sí, lo admito. No soy precisamente una fan de mis cumpleaños. Para comenzar, me cuesta saber cómo reaccionar cuando el reflector está sobre mí por 24 Lee más [...]