El tiempo de los otros

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El tiempo de los otros es ese que no es el mío, pero que, curiosamente, se vuelve también mío. Ese, por ejemplo, cuando miro en el Facebook que él está en verde y no me habla, y yo no le hablo tampoco. Ese, que se prolonga por minutos, horas, semanas, meses. Años. Ese que se estira y que creemos que se seguirá estirando por siempre. Desde niña, he sido impaciente. Y cuando me preguntan por mis defectos, ese es casi siempre el que saco primero a relucir: impaciente. Los demás, arrogante, Lee más [...]

Él, quien tenía un nombre tan bonito…

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“Voy a escribir sobre vos”, le digo, mientras mi mejilla izquierda descansa sobre su rodilla y él juguetea con mi cabello suelto. “Ok”, escucho su voz. “Pero no pongás mi nombre. No quiero ser un personaje pequeño en una novela grande”. Una pena, porque él tiene un nombre tan, pero tan bonito... Pero él ya lo sabía y yo también: a la larga, ambos nos llegaríamos a convertir en un personaje secundario en la vida del otro, y luego en uno tan sólo referencial, y luego en uno Lee más [...]

De cómo aprendí a hablar alemán

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Me gusta el alemán. Sí, ya sé: es raro. Me excita más escuchar a un hombre alemán decir algo tan random como Einunddreißig que a un italiano susurrarme al oído Ciao bella. Me encanta ver esas palabras kilométricas, como si no hubiera suficientes letras para expresar todo lo que uno lleva adentro. Prefiero escuchar esos sonidos fuertes, como una galleta dura que cuesta partir con los dientes, que la miel del portugués brasileño, ese que empalaga, pero que todos adoran. Con el tiempo, Lee más [...]

I wish you love

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En un día como hoy, te regalo el mundo para que lo recorrás... La lámpara que ilumina la stanza tiene forma de un globo terráqueo. Me gusta la luz acogedora de las lámparas. Mucho más que la luz del techo. La luz de esta lámpara siempre se encuentra encendida en las noches hasta que sale el sol, que nace más temprano en las costas sureñas italianas que en las españolas. Ya he tenido varias oportunidades de comprobarlo, mientras chateo con vos dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete y Lee más [...]

La peor parte de viajar

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Y este tampoco es. Este mecánico de aviones de la fuerza aérea, alto, guapo, con una sonrisa tan amplia que pareciera tener más dientes que el resto de la gente. De ojos de un color azul hermosamente indefinido. Y una pin up girl tatuada en las costillas. Él, quien me compró un par de flores para que un mendigo nos dejara de seguir por las calles de Bogotá un domingo por la noche. Él, quien me cargó en sus brazos para que no me lastimara los pies entre las piedras de una playa solitaria, Lee más [...]