¿Por qué viajo sola?

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Porque me tocó hacerlo. Así de simple. Lo siento si esperaban una oda al “quiero encontrarme a mí misma” de mujer psico-espiritual-yogui-wanna-be; o una oda al “lo hago para probarme a mí misma” de mujer independiente-omnipotente-mochilerofeminista, o algo por el estilo, pero les confieso algo: la verdad a mí no me gusta viajar sola. Nunca me ha gustado. Y eso que yo valoro profundamente mis ratos conmigo misma (escribir es un acto solitario al fin y al cabo). Pero no, la verdad Lee más [...]

Te soñé, Nepal

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“Pensamos en la vida como un pozo inagotable. Sin embargo, todo pasa sólo un cierto número de veces y, en realidad, muy pocas. ¿Cuántas veces más recordarás una tarde de la niñez, una tarde que se volvió una parte tan profunda de tu ser, que no concibes la vida sin ella? Tal vez cuatro o cinco veces más. Tal vez ni siquiera eso…Y, aun así, todo parece ilimitado”. Un cielo protector. Paul Bowles.   -I am taking holidays for India. Vacaciones de India. Esa era mi Lee más [...]

Desde lejos, se le parecía tanto…

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Hasta ese momento, él había sido sólo palabras. Palabras sin rostro. No es que sea algo totalmente malo. Por eso la literatura es literatura: cada quien puede imaginarse a los personajes como quiera y, aunque el escritor lo describa con puntos y lunares, arrugas y comas, en la mente del lector ese personaje siempre tendrá rostros diferentes, según lea cada quien las líneas que lo acarician. El problema es cuando ni siquiera el escritor tiene claro cómo luce ese personaje. Y el problema Lee más [...]

Qué difícil es querer a un soldado israelí

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  A él Me peina suave, tan suave, tan suavemente que podría seguir escribiendo suave por todos estos párrafos  y, ni aun así, podría describir lo suave que lo hacía. Como si de verdad el cabello pudiera dolerme. Me parece increíble que con esa mano tan grande pueda hacer algo tan delicado. Y, mientras lo hace, me parece increíble que, con esa misma mano, con la que con tanta suavidad él más bien me acaricia el cabello con un simple peine, pueda también disparar un fusil. Una Lee más [...]

Nunca me quedo porque nunca nadie dice: “Quedate”

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Cuenta la leyenda que hace unos años, un grupo de amigas solteronas y yo (la más solterona de todas probablemente), nos reunimos un 14 de febrero para ir a un bar a tomarnos unas birras de despecho. Correcto: no nos juzguen. El que no se haya emborrachado al ritmo de Franco de Vita, de Alejandro Sanz o, en el peor de los casos, de Paquita la del Barrio, que tire la primera piedra. O bueno, con lo que narro a continuación, tal vez sí puedan juzgarnos un poquito: y es que aparte del maquillaje Lee más [...]