Dolor y dinero

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2.37 a.m. A mi lado, Alma, una perra de distinguido estrato social germano, duerme bajo el edredón. De vez en cuando se levanta y me mira con aire de superioridad; pienso que en otra vida debió haber sido una dama antigua de orgulloso linaje y que en esta reencarnación canina se lo sigue creyendo, en vista de su pésima relación con los otros huéspedes del hotel y por la manera en ángulo de 90 superiores grados en que me observa. Intuyo que sabe que soy una proletaria del siglo XXI, que Lee más [...]

Perrológica

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(Siete buenas razones para irse a vivir con hordas de perros en el medio de la nada en la campiña alemana). 1. Arbeit! ¡Brete! Algo que mucha gente no parece entender todavía es que, cuando viajo, no estoy todo el tiempo de vacaciones o turisteando por ahí. No entiendo qué los hace pensar eso de forma tan entusiasta e ingenuamente positiva: como dato curioso personal, en 11 años de haber ingresado al mercado laboral NUNCA me han pagado ni siquiera el salario mínimo establecido por ley. Lee más [...]

Imagine Belfast…

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Belfast es una ciudad peculiar, por no decir bizarra. De esas que nunca podré llegar a olvidar. No porque sea considerada el útero del que nació el Titanic, muerto prematuramente en las heladas aguas del Atlántico, como todos sabemos desde hace más de un siglo. Tampoco por su hermosa arquitectura, que europeamente se ve desperdiciada en bancos y en minisupermercados. Ni siquiera por los buenos recuerdos que puedo guardar de un sofá abandonado en uno sus estacionamientos, una noche fría en Lee más [...]

Él, quien tenía un nombre tan bonito…

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“Voy a escribir sobre vos”, le digo, mientras mi mejilla izquierda descansa sobre su rodilla y él juguetea con mi cabello suelto. “Ok”, escucho su voz. “Pero no pongás mi nombre. No quiero ser un personaje pequeño en una novela grande”. Una pena, porque él tiene un nombre tan, pero tan bonito... Pero él ya lo sabía y yo también: a la larga, ambos nos llegaríamos a convertir en un personaje secundario en la vida del otro, y luego en uno tan sólo referencial, y luego en uno Lee más [...]

De cómo aprendí a hablar alemán

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Me gusta el alemán. Sí, ya sé: es raro. Me excita más escuchar a un hombre alemán decir algo tan random como Einunddreißig que a un italiano susurrarme al oído Ciao bella. Me encanta ver esas palabras kilométricas, como si no hubiera suficientes letras para expresar todo lo que uno lleva adentro. Prefiero escuchar esos sonidos fuertes, como una galleta dura que cuesta partir con los dientes, que la miel del portugués brasileño, ese que empalaga, pero que todos adoran. Con el tiempo, Lee más [...]