Una noche en el KitKat, el club con sexo en vivo (preguntas frecuentes)

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“Mae, la verdad es que esa posición no la entiendo…”. “Oye, güey, la verdad es que yo tampoco…”. Esas somos mi amiga mexicana Paulina y yo (digo, en caso de que no lo hubieran deducido por el “mae” y el “güey” :p) mientras estamos sentadas al borde de la piscina y vemos, al otro lado, a una mujer que lleva un traje que más bien parece una telaraña de látex moverse encima de alguien más. Y es que por supuesto que no entendemos la posición, puesto que quien está debajo Lee más [...]

Nunca saber dónde podés terminar… o empezar

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Muévete y el camino aparecerá -Proverbio Zen Queridísimos lectores: El caballito ha estado bastante quieto, empolvándose en el rincón. Ese, de todas maneras, suele ser el destino de los juguetes de antaño, de esos que ya no se usan porque las responsabilidades de gente grande los fueron relegando a la esquina de las cosas que siempre pueden esperar o que, por obsoletas (como suelen ser los caballitos de madera) se dejan de usar. Así que volverme a subir al caballito y escribir Lee más [...]

Dolor y dinero

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2.37 a.m. A mi lado, Alma, una perra de distinguido estrato social germano, duerme bajo el edredón. De vez en cuando se levanta y me mira con aire de superioridad; pienso que en otra vida debió haber sido una dama antigua de orgulloso linaje y que en esta reencarnación canina se lo sigue creyendo, en vista de su pésima relación con los otros huéspedes del hotel y por la manera en ángulo de 90 superiores grados en que me observa. Intuyo que sabe que soy una proletaria del siglo XXI, que Lee más [...]

Perrológica

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(Siete buenas razones para irse a vivir con hordas de perros en el medio de la nada en la campiña alemana). 1. Arbeit! ¡Brete! Algo que mucha gente no parece entender todavía es que, cuando viajo, no estoy todo el tiempo de vacaciones o turisteando por ahí. No entiendo qué los hace pensar eso de forma tan entusiasta e ingenuamente positiva: como dato curioso personal, en 11 años de haber ingresado al mercado laboral NUNCA me han pagado ni siquiera el salario mínimo establecido por ley. Lee más [...]

De cómo aprendí a hablar alemán

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Me gusta el alemán. Sí, ya sé: es raro. Me excita más escuchar a un hombre alemán decir algo tan random como Einunddreißig que a un italiano susurrarme al oído Ciao bella. Me encanta ver esas palabras kilométricas, como si no hubiera suficientes letras para expresar todo lo que uno lleva adentro. Prefiero escuchar esos sonidos fuertes, como una galleta dura que cuesta partir con los dientes, que la miel del portugués brasileño, ese que empalaga, pero que todos adoran. Con el tiempo, Lee más [...]